emociones primarias y secundarias

EMOCIONES PRIMARIAS Y EMOCIONES SECUNDARIAS

emociones primarias y emociones secundarias: diferencias

Hoy nos toca diferenciar las emociones primarias de las emociones secundarias.

En el post anterior: Educación Emocional: la asignatura que nos faltó en el cole, nos centramos en las emociones primarias y explicamos que son emociones básicas, innatas, universales y adaptativas.

Te recomiendo que leas el post anterior ya que vamos a explicar las emociones secundarias en comparación con las primarias. 

También mencionamos que la lista de emociones secundarias es muy larga.

Aquí vuelvo a nombrar algunas de las emociones secundarias:

Culpa, placer, orgullo, satisfacción, envidia, entusiasmo, ironía…

(Respira y sigue)

Arrepentimiento, admiración, indignación, frustración, aburrimiento, compasión, tranquilidad, decepción, abandono, soledad…

(¿Hay más?)

Entusiasmo, asombro, confusión, conmoción, agobio, preocupación, rechazo, ridículo, celos, resentimiento, dolor..

(Respira)

Odio, decepción, desesperación, melancolía, vacío, indiferencia…

Toma ya… ¡Y no están todas!

Las emociones secundarias son secundarias por varios motivos: hace menos años que están con nosotros evolutivamente hablando y no nos ayudan en labores de supervivencia básicas.

El hecho es que el ser humano “evolucionó” comparado con los otros animales no humanos y por eso somos superiores a ellos (no puedo escribir esto sin que me dé un ataque de risa: yo creo que mi perra es mucho mejor persona que yo).

En fin, dejo mis opiniones aparte y me centro en la historia oficial.

Las emociones secundarias nos separan de los animales no humanos y son complejas porque solo pueden ser experimentadas por animales con conciencia y lenguaje.

(Los animales con conciencia y lenguaje se supone que somos los humanos).

Porque debido a la evolución de nuestro cerebro,  adquirimos habilidades como hablar, pensar, tener conciencia de qué sentimos y cómo reaccionamos… y ahí se montó el pitoste.

En comparación con las primarias, las emociones secundarias también son complejas. Esta complejidad se debe a que  pueden consistir en una mezcla de emociones básicas y están mediadas por razonamientos y pensamientos.

Además, estas emociones son aprendidas, es decir, se desarrollan por experiencias que vamos acumulando a partir de los 2-3 años y son «contagiosas» porque las adoptamos de nuestro medio y de personas que nos rodean.

A diferencia de las emociones primarias, no son universales ya que tienen un componente social alto. Es por ello que se dan dentro de un contexto social específico y, que estén dentro de nuestro repertorio emocional o no,  dependerá de la cultura en la que nos hayamos criado. 

De hecho, estudios como el de Itziar Etxebarria de Las emociones autoconscientes: culpa, vergüenza y orgullo hacen hincapié en la necesidad de profundizar en el estudio de las diferencias individuales que puedan existir según nuestra lengua materna y el aprendizaje de cada persona.

En conclusión, que nombremos, sintamos o nos identifiquemos más con una emoción u otra dependerá, aparte de nuestra cultura y lengua materna, de nuestras experiencias de socialización.

ejemplos de emociones secundarias

De todo lo explicado en los párrafos anteriores, es especialmente relevante que las emociones secundarias no son una reacción básica del organismo sino que aquí ya entra la mente a interpretar.

La mente nos cuenta qué nos está pasando o qué nos ha pasado y elabora pensamientos a partir de la experiencia.

En definitiva, las emociones secundarias dependen del filtro mental a través del que evaluamos y valoramos la situación vivida, cosa inevitable ya que somos humanos y tenemos un cerebro “evolucionado” que interpreta continuamente la realidad.

Y, además, ya has leído que en las emociones secundarias puede haber una mezcla de emociones primarias.

Parece que esta tremenda mente humana evolucionada nos mete en tremendos líos, ¿no?

Sí.

Por eso, aquí desgranamos algunas emociones secundarias en estos ejemplos que me invento:

Ejemplo 1: Me he enterado de que mi pareja está con otra persona.

Aquí puede haber:

RABIA porque no se han respetado mis límites

+ TRISTEZA por la pérdida de algo importante para mí

+ PENSAMIENTO de “¡Cómo me puede haber hecho esto con lo que yo he hecho por la relación!”

= Todo esto puede resultar en la emoción secundaria de CELOS

Ejemplo 2: Practico tenis y Nadal ha vuelto a ganar:

Aquí puede haber: 

ALEGRÍA porque ha ocurrido algo que me importa

+ PENSAMIENTO de “¡Me gustaría llegar a eso algún día!”

= Todo esto puede resultar en ADMIRACIÓN 

NOTA: en este último ejemplo  podemos reflexionar acerca de que si la emoción básica hubiera sido Rabia o Tristeza y el Pensamiento hubiera sido: “Joder, ¿por qué no me pasan esas cosas a mí?” o “Nunca voy a conseguir eso.”,  podría haber surgido un sentimiento de ENVIDIA

(Aceptar que somos seres envidiosos y transformar la ENVIDIA en ADMIRACIÓN es un trabajo precioso y muy recomendable para estar a gusto  y en paz con la persona que somos).

¿Para qué sirven las emociones secundarias?

¿Para qué sirven las emociones secundarias con semejante lío de mezcla de emociones, sensaciones y pensamientos?

Primero de todo, toca puntualizar que las emociones primarias son reacciones breves e intensas de nuestro organismo pero como las secundarias, al ser aprendidas,  están más elaboradas, es decir, suelen ser sentimientos estables y duraderos en el tiempo.

También es bueno saber que estas emociones, al tener un gran componente social, nos sirven para adaptarnos a nuestro contexto pero de ellas no depende nuestra supervivencia.

Y aquí viene el quid de la cuestión…

Las emociones secundarias son  aquellas que mostramos con mayor seguridad y  pueden incluso pasar a formar parte inconscientemente de nuestro autoconcepto y de nuestra identidad.

A menudo escuchamos frases como:

Soy una persona celosa.

Me indigno a menudo.

Yo es que soy muy entusiasta.

Siempre hago el ridículo.

Me tomo la vida con mucha tranquilidad.

Es una resentida.

Siento compasión por lo que sufrí de niña y por eso me cuido.

He decidido que lo que necesito es tranquilidad.

Porque, repito,  estas emociones se mantienen en el tiempo, son estables y pueden sentirse más profundamente de forma racional, pero sus sensaciones físicas no son tan fuertes ni intensas como en el caso de las emociones.

Nos es más fácil convivir con las emociones secundarias que con las emociones primarias.

Peeeeeroooo… quizá no nos hemos planteado que al sentimientos  duraderos y estables, son factores que influyen en nuestras decisiones y en nuestro estilo de vida.

Y en nuestro autoconcepto.

Y mi pregunta es, ¿realmente quieres tener la vida de una persona celosa o indignada o vivir en un estado constante de arrepentimiento, culpa o decepción?

Te gustará saber que las emociones secundarias a  menudo actúan como defensa o protección para no exponer nuestras verdaderas emociones primarias (sobre todo la Tristeza, la Rabia y el Miedo)  y no mostrarnos vulnerables.

Ya sabes que no tuvimos la asignatura de Educación Emocional en el cole y no nos han enseñado a gestionar nuestras emociones primarias, así que hemos hecho lo que hemos podido con ellas:  hemos bloqueado nuestras emociones básicas, las hemos retenido o transformado en algo más estable y menos intenso con lo que sí que puedo convivir.

Puedes imaginarte un iceberg: las emociones secundarias son las que se ven, las que sobresalen del agua y las primarias son las que las sostienen, el cuerpo del iceberg.

Parece que las emociones primarias no están, ¿no?

Parece que no haya Tristeza o Rabia o Miedo.

¿Pero sabes qué? Que están en la base.

Aunque disimulemos, es desde ahí desde donde nos movemos.

Lo COnfieso: SIENTO DE MANERA CONSTANTE VERGÜENZA, FRUSTACIÓN, CELOS Y ENVIDIA Y me cansa vivir así

Pues aquí no hay truco de magia que valga.

Si sientes que tu vida ha sido tomada por emociones como la vergüenza, la envidia o el aburrimiento, creo que es el momento de empezar con el trabajo de gestión de emociones.

De eso va el siguiente artículo de este blog de Gestión emocional: qué es y qué puede hacer por ti.

En la gestión de emociones se trabaja sobre todo con emociones primarias  y también con los pensamientos  (la mayoría del tiempo ideas inconscientes y creencias irracionales) de los que se nutren estas emociones y que pueden estar dirigiendo mi vida sin ni siquiera haberme enterado.

Un ejemplo (me lo invento):

Siento mucha VERGÜENZA y quiero trabajarlo porque esta emoción ya forma parte mi identidad y me impide hacer un montón de cosas que quiero hacer:

Aquí se podría trabajar:

RABIA porque en el cole se metieron conmigo y me hicieron bullying

+ TRISTEZA porque pasé unos años muy malos y me perdí cosas como jugar en el patio con mis amigos (no tenía)

+ PENSAMIENTO ANTICIPATORIO de: “Si me acerco a alguien, se va a meter conmigo” o “No estoy hecho para tener éxito, mejor me quedo como estoy”.

Es fundamental trabajar nuestras emociones primarias para que las secundarias o sentimientos no se apoderen de nuestra vida porque de lo contrario puedo vivir largos periodos de resentimiento, dolor o melancolía. 

También es importante trabajar y desarrollar otros sentimientos y emociones secundarias que me ayuden a sentir mayor bienestar. 

En el trabajo emocional de terapia podemos tomar conciencia de  las emociones secundarias que me minan como persona (arrepentimiento, vergüenza, envidia culpa). Luego, podemos transformarlas  en emociones que fomentan mi autocuidado y bienestar como, por ejemplo, la autocompasión, la admiración y la tranquilidad.

Te animo a que leas el siguiente artículo sobre gestión emocional y que, si algo se te mueve por dentro y te animas a hacer el trabajo, vengas a terapia.

El trabajo emocional, como cualquier otro, se hace más sencillo si es en equipo.

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