¿QUÉ ES UN ATAQUE DE PÁNICO?
QUé es una ataque de pánico contado por Rosa montero
A la pregunta: ¿pero qué es un ataque de pánico exactamente?
Te contestaré que hay tantos ataques de pánico como personas que los experimentan.
En este artículo vas a leer tanto la descripción objetiva que se hace de ataque de pánico en el manual de trastornos mentales (DSM-5) como la descripción subjetiva de un ataque de pánico contada por Rosa Montero en su maravilloso libro El peligro de estar cuerda.
Vivida en carne propia porque Rosa sufrió de estos ataques durante mucho tiempo.
A veces nos llegan mejor así las cosas, contadas desde la vivencia, desde la primera persona.
Y si esa primera persona es Rosa Montero y su don de contar… Juzga por ti mismo.
Para empezar con el terreno científico, te quiero recordar que, como ya explicamos en el artículo de Diagnóstico de los trastornos de ansiedad, un ataque de pánico según el DSM-5 es lo siguiente:
Un ataque de pánico es la aparición súbita de miedo intenso o de malestar intenso que alcanza su máxima expresión en minutos.
Para que según el DSM-5 sea considerado un ataque de pánico se han de producir cuatro (o más) de los síntomas siguientes:
- Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardíaca.
- Sudoración.
- Temblor o sacudidas.
- Sensación de dificultad para respirar o de asfixia.
- Sensación de ahogo.
- Dolor o molestias en el tórax.
- Náuseas o malestar abdominal.
- Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.
- Escalofríos o sensación de calor.
- Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueo).
- Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de uno mismo).
- Miedo a perder el control o de “volverse loco”.
- Miedo a morir.
Ahí es nada…
Hemos quedado que para hacer referencia a estas vivencias utilizaremos las expresiones «ataque de pánico» y «crisis de angustia» y de paso te cuento que la expresión que más utilizamos en el día a día es «ataque de ansiedad».
Y luego va Rosa y nos cuenta lo siguiente:
Formo parte de la estadística general, de ese 25% de personas que sufrirán algún problema mental a lo largo de su vida (…). He sufrido ataques de pánico desde los diecisiete hasta los treinta años, no todo el tiempo, por fortuna, porque hubieran sido bastante inhabilitantes, sino articulados en torno a tres periodos, cada uno de un año o año y pico de duración: el primero, como digo, a los diecisiete; otro, a los veintiuno; el último, a los veintinueve.
Pero cuando dices que has sufrido crisis de angustia, la gente que no ha navegado por ese mar oscuro no entiende de lo que hablas. Creen que te refieres a estar estresada, a preocuparte demasiado por algo, a reconcomerse la cabeza (…).
Un ataque de pánico es otra cosa. Es una dimensión desconocida, un viaje a otro planeta. El trastorno psíquico es un súbito e inesperado rayo que te fulmina. Su devastadora llegada tiene cierta semejanza con los accidentes domésticos graves.
Imaginemos, por ejemplo, un resbalón y una caída en el baño que te quiebra la espalda: un segundo antes, tu vida era normal y vertical, indolora y secuencial, venía del pasado y se proyectaba hacia tu pequeño y próximo futuro (ducharte, vestirte e ir a trabajar, o bien lavarte los dientes y meterte en la cama), y un segundo después, sin preverlo ni pensarlo, resulta que te encuentras horizontal y rota, atónita, indefensa, lacerada por un dolor indecible, borrada de tu vida y de tu realidad por mucho tiempo, o incluso para siempre, si la lesión es importante.
Pues bien, de esa misma manera se abate sobre ti la crisis mental. Parece venir de fuera y te secuestra.
La primera vez yo me encontraba a solas en le comedor de la casa familiar; debían de ser las once de la noche y estaba mirando sin mucho interés la televisión, quizá porque no tenía ganas de terminar de recoger la mesa, como era mi obligación. Mi padre debía de estar acostándose; mi madre, en la cocina; mi hermano mayor, a saber dónde. Y entonces sucedió: la habitación empezó a alejarse de mí, el mundo entero se achicó y se marchó al otro lado de un túnel negro, como si yo estuviera mirando la realidad a través de un telescopio. Y junto con la anomalía visual llegó el terror, una ola de pánico indecible, un miedo puro y duro de una intensidad que jamás había experimentado antes y que además no tenía ninguna causa aparente (…).
Yo no sabía por qué estaba asustada, pero me sentía a punto de morir de espanto. El cuerpo me temblaba con violencia y los dientes castañeteaban, y para colmo unos segundo después se sumó otro miedo, este sí ya con causa: el convencimiento de estar loca. Pues de qué otra manera se podía entender lo que me estaba pasando.
Al principio crees que no vas a regresar jamás a la normalidad, que vas a estar atrapada para siempre en esa torturada dimensión de pesadilla, pero en realidad las crisis de pánico duran unos cuantos minutos y luego se van disolviendo.
No del todo, desde luego. Siempre te queda el miedo (terror absoluto a volver a caer por el agujero) y una vaga sensación de enajenación e irrealidad que se pega a ti como un sudario. En las épocas peores no te atreves a ir a reuniones sociales, a salir a la calle o a conducir por si se repite; no soportas ver la televisión o ir al cine porque la falt de fiabilidad del mundo parece incrementarse. (…)
Y con esto llegamos al núcleo abrasador de lo que llamamos locura. Estar loco es, sobre todo, estar solo. Pero estoy hablando de una soledad descomunal, de algo que no se parece en absoluto a lo que entendemos cuando decimos la palabra soledad. Aún no se han inventado las letras que puedan contener y describir una soledad así. Intenta imaginarlo: ya he dicho que la realidad se va al otro lado del túnel que es lo mismo que decir que tú te alejas de la realidad y pierdes todo contacto. De repente ya no perteneces a la raza humana; eres un alienígena, el único alienígena que conoces, desgajado de golpe de la piel del mundo.
Impresionante.
Respira lo que acabas de leer.
Rosa cuenta que dejó de tener ataques de pánico cuando empezó a publicar sus novelas.
Te recomiendo encarecidamente que leas su libro El peligro de estar cuerda porque es una maravilla. En él habla de la relación de la «locura» con la creatividad y da muchos ejemplos de vida de artistas y escritores.
Nota a Rosa Montero:
Querida Rosa:
Sé que nunca leerás este blog pero si lo lees, por favor, envíame un e-mail e invítame a un café. Yo cojo un avión sin problema.
Gracias por tu escritura. Gracias. Gracias.

