CONOCER LA ANSIEDAD
No sé si acabamos de conocer la ansiedad aunque la nombramos cada día como en una oración rara, invocando a no sé qué diosas.
Es por eso que he decidido hacer este grupo de artículos que tratan sobre Ella, así, en mayúscula, Ella, como si estuviéramos hablando de Jesús, Venus, Judas o Afrodita.
Tengo la sensación de que de tanto pronunciar la palabra “ansiedad” ha perdido parte de su sentido.
Muchas personas vienen a consulta porque su médico de cabecera les han dicho: “tienes ansiedad”.
Otras personas vienen a consulta porque sus amigos les han dicho: “tienes ansiedad”.
¿Lo más curioso? Que cuando yo pregunto si saben lo que es ansiedad, la respuesta es algo así como: “no sé, algo malo, me hace sentir mal”.
Y es una buena respuesta. Es una respuesta buena pero es una respuesta vaga.
Porque, digo yo… la ansiedad es algo con lo que convivimos en nuestro día a día a día, aparece en las noticias, en las conversaciones con amigos…
Porque seguimos en Instagram a la psicóloga que habla de ansiedad, tenemos a un compi dado de baja por ansiedad y ya estoy empezando a pensar que tengo ansiedad…
Qué menos que dedicarle un tiempo a conocerla un poco, ¿no?
Por eso, vamos a intentar arrojar algo de luz a esto que está pasando en nuestra sociedad y a esta película que algunos, aprovechando lo impactante y familiar del término, ya han titulado “pandemia de ansiedad”.
En primer lugar, vamos a ver qué es ansiedad y qué no es ansiedad. Luego diferenciaremos entre los términos: ansiedad normal, ansiedad patológica, trastorno de ansiedad y ansiedad subclínica.
¿QUÉ ES LA ANSIEDAD?
La ansiedad que más se mueve en nuestro día a día, de la que solemos hablar con los amigos, es una emoción.
Repite conmigo: la ansiedad es una emoción.
La ansiedad es una emoción que nos influye en la conducta y que está mezclada con pensamientos.
¿Otras emociones? La rabia, el miedo, la envidia, la tristeza, etc.
Una emoción es una respuesta compleja que nuestro organismo da a nivel fisiológico, cognitivo y conductual y que nos sirve para adaptarnos al medio.
Y por eso yo no puedo controlar ni eliminar ni evitar la ansiedad, porque es una emoción que mi organismo ha desarrollado como parte del kit de supervivencia que necesito para vivir en el planeta tierra.
¿A que no puedo eliminar mi rabia? No.
¿A que no quiero eliminar mi alegría? No.
¿A que no puedo evitar sentir envidia?
Pues eso.
¿A que no quiero eliminar mi estómago porque me ayuda a adaptarme al medio haciendo sus funciones de digerir los alimentos?
¿A que no quiero eliminar ninguna de mis extremidades porque tienen su función en mi vida cotidiana?
Pues eso.
Y entender que yo no puedo ir por ahí eliminando emociones (¡aunque nos encantaría!) es tan importante y tan básico para nuestro bienestar emocional que le he dedicado un post donde te lo deja muy claro: no puedes controlar la ansiedad.
Que sé que sería maravilloso tener la varita mágica de hacer desaparecer emociones pero no existe esa varita mágica ni nosotros somos Harry Potter ni Frozen.
Lo que pasa es que la ansiedad es una emoción bastante poco conocida y, ahora que es cuando se habla más de ella, da la sensación de que le han dado el papel de la mala de la película…
Solamente sentir su nombre, «ansiedad», sentimos miedo, un escalofrío nos advierte del peligro…
Desde la teoría también te puedo decir que la ansiedad y el miedo son diferentes.
En la práctica la diferencia no es tan clara.
La ansiedad y el miedo se parecen en la respuesta fisiológica de activación (temblores, palpitaciones, sudor, etc.) pero en la ansiedad, la respuesta en forma de síntomas (temblores, palpitaciones, sudores, etc. ) es más intensa y perdura más en el tiempo.
Sabes que es diferente el miedo a las arañas que la aracnofobia, por ejemplo.
Cuando nuestro organismo responde en forma de ansiedad, las sensaciones son tremendamente molestas, más que las del miedo.
Y en la ansiedad también hay un componente de pensamiento que en el miedo no existe. Para no liarnos, hablaremos de este componente cognitivo de la ansiedad en breve, en el artículo donde nos animamos a dar un paso más, a entender la ansiedad.
De momento te cuento que el miedo está más focalizado en el presente. La ansiedad está referida al futuro y se nutre del pasado.
Ahí te lo dejo.
También se escucha bastante que en el miedo hay un objeto al que se teme (alturas, oscuridad, etc…) y en la ansiedad no es así. Eso es bastante discutible así que profundizaremos en ello en otro post.
Pero sí, es importante saber diferenciar la emoción de miedo de la emoción de ansiedad.
Ese es un trabajo que hacemos en consulta de psicología.
Por último, siempre que alguien viene a consulta y me comenta que siente ansiedad, yo le pregunto que cuándo se hizo el último estudio analítico. Las respuestas que nuestro cuerpo da en la ansiedad se parecen bastante a los síntomas del hipertiroidismo, por ejemplo.
Así que antes de nada: si tienes síntomas de ansiedad, pide a tu médico que te te haga análisis completo.
ANSIEDAD NORMAL y ANSIEDAD PATOLÓGICA
Existe la ansiedad normal y la ansiedad patológica.
Así como existe la tristeza normal y la tristeza patológica y esta última puede derivar en un trastorno de depresión.
Así como existe la rabia normal y lo que podemos considerar agresión patológica o problemas del control de la ira.
Tanto la ansiedad como la tristeza como la rabia son emociones.
Son emociones que tú puedes gestionar.
Y lo que sigue es muy importante.
Tanto la ansiedad como la tristeza y la rabia se pueden desmadrar, es decir, volverse patológicas, y ahí ya no eres tú quien las va a gestionar… ellas te van a “gestionar” a ti, por decirlo de alguna manera.
¿Que por qué pasa esto?
¿Sabes que hay épocas en las que se nos desmadra la limpieza de la casa? Porque tenemos más trabajo, he prestado menos atención al polvo, tengo menos ganas de barrer… y de repente te das cuenta y… uffff… qué desorden y qué incomodidad.
Pues lo mismo.
Hablando en plata: las emociones patológicas (las que no hemos escuchado, no hemos querido aceptar y justamente por eso no hemos podido gestionar), se pueden dar el lujo de tomar las riendas de tu vida y llevarte por la calle de la amargura.
Cuando la emoción se desregula, te toma por completo y ya no eres dueño de tus actos. Es por eso que es importante la gestión emocional.
Dicho esto, te pongo un par de ejemplos de “ansiedad normal» para poder diferenciarla de la patológica.
¿Recuerdas tu examen práctico de conducir?
Aquella boca seca, las manos temblorosas, dolor de barriga, el insomnio de la noche anterior…
¿Recuerdas tu primera cita?
Aquella boca seca, las manos temblorosas, dolor de barriga, el insomnio de la noche anterior…
¿Recuerdas ?
Pues esto son ejemplos de “ansiedad normal”.
¿Qué es lo que pasa en la ansiedad normal? En la ansiedad normal, mi organismo interpreta que ahí afuera hay algo que es una especie de amenaza, un reto, algo nuevo (la evaluación que el profe haga de mi forma de conducir, cómo voy a hacerlo cuando llegue a la cita…) y reacciona ante ello.
Esto pasa porque estamos vivos en un medio y tenemos un cerebro que nos ayuda a sobrevivir en este medio.
Y ahí fuera hay todo un mundo de cosillas que a veces cuesta afrontar: la conciencia de que se nos va a evaluar, vuelos largos que nunca antes hemos hecho y en los que pueden ocurrir un montón de cosas….
Entonces, en la ansiedad normal, mi organismo despliega toda una respuesta de adaptación ante esas cosillas que toca afrontar, ante eso que considera o bien “nuevo” o bien algo “amenazante».
Los síntomas desagradables (boca seca, las manos temblorosas, dolor de barriga, el insomnio de la noche anterior…) se deben justamente a ese motivo: mi organismo me avisa de que ahí afuera hay algo que tenemos que afrontar así que me va preparando.
Eso sí. Cuando termina el examen o cuando ya llevas un ratito en la cita…eso se pasa y vuelves a ser tú mismo.
La emoción ha sido justamente eso: una emoción que se ha desarrollado de forma “normal”: ha venido, te he dado el mensaje, te ha hecho actuar de una forma, ha cumplido su misión y se ha ido.
La emoción de ansiedad normal se ha podido marchar porque ha cumplido con su ciclo de vida.
En la ansiedad patológica ese mecanismo de adaptación se ha descompensado.
La ansiedad patológica se siente como si continuamente estuvieras de camino al examen práctico de conducir o como si estuvieras en todo momento a punto de presentarte a tu primera cita o de meterte en un vuelo de 14 horas.
La emoción de ansiedad patológica es un sinvivir.
La ansiedad patológica desorganiza la conducta porque yo quiero hacer esto y no puedo o me cuesta mucho, también interfiere en las actividades y funcionamiento de la persona.
Muchas personas afirman que la ansiedad les boicotea la vida.
Y en eso hay algo de verdad porque la ansiedad patológica, al haberse descontrolado de esa forma, no está ayudando a mi organismo en la función de sobrevivir.
Imagina un reloj. Su función es dar la hora.
Si a las siete pone que son las siete, es que el reloj va bien. Si a las cuatro y media pone que son la cuatro y media, es que el reloj va bien.
Entonces, el reloj cumple con su función: dar la hora.
Ahora imagina la emoción de ansiedad. Si tienes un examen mañana y la ansiedad hace que no tengas hambre y así puedes estudiar un poquito más, es que la emoción va bien.
Si, además, te tensa un poco el cuerpo porque así puedes aguantar unas horas más estudiando, es que la emoción va bien.
Imagina que el reloj se va adelantando y sabes que son las tres y ahí pone que son las cinco y media.
El reloj no cumple su función, que es dar la hora. Esto no te ayuda en tu día a día, más bien te lo dificulta: vas a llegar tarde a los sitios, vas a perderte citas…
Imagina que la emoción de ansiedad está informando a tu cuerpo y lo está activando como si mañana hubiera un examen que no existe.
La emoción no cumple su función, que es prepararte para un reto, ponerte en alerta para poder cumplir con algo que exige que tu organismo se active.
La emoción de ansiedad desregulada, que es cuando se vuelve patológica, es muy molesta porque se alarga en el tiempo y porque las sensaciones y síntomas que causa en nuestro organismo son intensos y desagradables.
No es fácil vivir así.
Los síntomas aparecen sin estímulo aparente porque la verdad es que no hay examen de conducir ni cita próxima pero mi organismo está interpretando que sí, que ahí afuera hay algo que me pone en peligro y por eso reacciona.
Una vez la emoción de ansiedad se ha desregulado y se ha vuelto patológica porque no sirve para sobrevivir ni cumple con su función, existe la posibilidad de desarrollar un trastorno de ansiedad o de sufrir de ansiedad subclínica.
Es justamente en este aspecto en el que vamos a profundizar en el siguiente apartado.
TRASTORNOS DE ANSIEDAD Y ANSIEDAD SUBCLÍNICA
Que el médico de cabecera te haya dicho: “tómate esto, tienes ansiedad” no significa que te haya diagnosticado un trastorno de ansiedad.
Porque para que te diagnostiquen un trastorno de ansiedad debe haber justamente un diagnóstico y no lo puede hacer un médico de cabecera.
Un diagnóstico de trastorno de ansiedad lo puede hacer un profesional de la psicología o de la psiquiatría.
Y para que te diagnostiquen un trastorno de ansiedad, tus síntomas, es decir, lo que te pasa en el cuerpo y en la mente cuando sientes ansiedad, deben cumplir unos criterios de intensidad, duración, afectación a tu vida cotidiana, etc…que no se los inventa nadie sobre la marcha.
Estos criterios, después de décadas de investigación, están recogidos en un libro muy importante para los profesionales de la psicología que es el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5).
En este punto, te recomiendo que leas los artículos anteriores de este blog que tratan sobre tipos de trastornos de ansiedad y sobre el diagnóstico de los trastornos de ansiedad.
Si te da pereza leerlo, te lo resumo.
No hay un solo trastorno de ansiedad. Existen 7 trastornos de ansiedad cuyos síntomas y criterios diagnósticos están recogidos en el DSM V.
Estos trastornos son: trastorno de ansiedad por separación, mutismo selectivo, fobia específica, fobia social, trastorno de pánico (o trastorno de angustia), agorafobia y trastorno de ansiedad generalizada (TAG).
El trastorno de ansiedad que más relacionamos con «la ansiedad de la que hablamos en nuestro día a día» es el trastorno de angustia o trastorno de pánico.
Esto ocurre porque el elemento base para ser diagnosticado es que existan ataques de pánico (o crisis de angustia) inesperados y recurrentes. Y muchas personas que sienten ansiedad en su día a día tienden a presentar también, ataques de pánico.
Un ataque de pánico o crisis de angustia es una sensación de pérdida de control y de terror súbita en la que aparecen síntomas físicos muy muy desagradables como:
- Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardíaca.
- Sudoración.
- Temblor o sacudidas.
- Sensación de dificultad para respirar o de asfixia.
- Sensación de ahogo.
- Dolor o molestias en el tórax.
- Náuseas o malestar abdominal.
- Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.
- Escalofríos o sensación de calor.
- Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueo).
- Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de uno mismo).
- Miedo a perder el control o de “volverse loco”.
- Miedo a morir.
Te invito a leer el post titulado «¿Qué es un ataque de pánico?» en el que, a parte de la descripción detallada que da el DSM-5, reproduzco las palabras de Rosa Montero de su maravilloso libro El peligro de estar cuerda que cuentan cómo se vive un ataque de pánico en carne propia.
¿Significa esto que si tengo ataques de pánico tengo un trastorno de pánico?
No.
Para que el trastorno sea diagnosticado, repito por última vez, es necesario cumplir con los criterios que delimita el DSM-5 y es necesario que un psicólogo o psiquiatra evalúe estos criterios a través de instrumentos diseñados para este propósito.
Si quieres profundizar en ello, lee los criterios diagnósticos necesarios para el trastorno de pánico en el artículo de diagnóstico de los trastornos de ansiedad. Ahí puedes leer los criterios específicos necesarios para el diagnóstico de trastorno de pánico.
Y, si lo que lees te suena muy familiar, por favor, ¡no te autodiagnostiques!
Acude a una consulta de psicología y juntos podéis hacer el trabajo de evaluación, diagnóstico y planificación del tratamiento.
¿Significa esto que si no tengo un diagnóstico no tengo ansiedad?
No, si tú sientes ansiedad es que tienes ansiedad. Seguramente estés dentro del grupo de personas que sufren de ansiedad subclínica.
Porque ya hemos explicado que la ansiedad es una emoción, que todos podemos sentir ansiedad como podemos sentir rabia o envidia. Y que si esta emoción te está dificultando la vida, es que seguramente se haya descontrolado bastante. Y seguramente necesitas ayuda para aprender a gestionarla.
¿Puedo tener ataques de pánico aunque no tenga el diagnóstico de trastorno de pánico?
Sí. Los ataques de pánico se pueden dar dentro de cualquier trastorno de ansiedad (fobia social, fobia específica, trastorno de ansiedad generalizada…) de los que hablamos en el artículo sobre tipos de trastornos de ansiedad.
Y sí. Quizá lo que te pasa no cumple con los criterios para el diagnóstico de un trastorno específico, pero si tienes ataques de pánico, es que tienes ataques de pánico y seguramente estés dentro del grupo de personas que sufren de ansiedad subclínica.
¿Y qué es la ansiedad subclínica?
Pues es eso de… “yo no tendré diagnóstico ni lo que me pasa cumple los criterios para que se considere un trastorno pero ansiedad tengo, vamos… te lo digo yo, que ansiedad tengo”.
Pues eso.
No quiere decir que estés sufriendo menos por no tener un diagnóstico, eso lo sé. Se sufre un montón.
La ansiedad subclínica es la que más se mueve entre nosotros últimamente.
Se ha desmadrado esta emoción a nivel social y va por ahí, descontrolada totalmente, haciendo de las suyas.
Repito: Lo de subclínico quiere decir que sufres igual porque los síntomas molestos de ansiedad aparecen de forma repentina e intensa pero que lo que te pasa no cumple los criterios de frecuencia, duración o intensidad para catalogarse dentro de ningún trastorno de ansiedad específico de los que aparecen enumerados y descritos en el DSM-5.
ENTONCES, ¿QUÉ ME PASA?
Que si sientes ansiedad normal, de forma puntual y ante situaciones que son un reto, o son nuevas o pueden suponer una amenaza, ¡enhorabuena! Eso quiere decir que tu organismo funciona.
Que si lo que sientes es ansiedad patológica, puedes aprender a gestionarla y a regularla y que de eso tratarán los siguientes artículos.
O sea, ¿que si lo que siento es una ansiedad que no es normal porque se desata en cualquier momento, sin estímulo y lo que siento es intenso y no lo puedo sostener…es ansiedad patológica?
Sí porque la emoción no cumple su función que es facilitarte el día a día, más bien te lo está desbaratando.
¿Es ansiedad patológica independientemente de si tengo diagnóstico o no?
Sí. Es ansiedad patológica porque te causa sufrimiento y es la que se trata en la consulta de psicología.
¿Es ansiedad patológica independientemente de si lo que me pasa cumple los criterios para considerar que es un trastorno o no?
Sí. Eso es.
Tanto si los síntomas de ansiedad cumplen los criterios para que sea considerado un trastorno como si es ansiedad subclínica, se trata de ansiedad patológica y es de la que tratarán los siguientes artículos y es la que aprendemos a conocer y gestionar en la consulta de psicología.
Lo que está claro es que la ansiedad patológica nos limita y no nos pone la vida fácil.
Y los psicólogos lo sabemos, estamos al tanto de que no es necesario sufrir un problema de ansiedad extrema para sentir un malestar constante por esa causa.
Por eso en consulta de psicología trabajamos la gestión de emociones, entre ellas de la ansiedad. Que, por cierto, en los últimos meses es una consulta muy demandada.
Ese es el motivo, también, de estos artículos específicos sobre la ansiedad.
Y ahora que ya conoces un poquito más sobre la ansiedad, atrévete a leer el próximo artículo para que te quede claro que sí que puedes aprender a gestionar esta emoción que se te puede haber desmadrado pero que, por mucho que lo intentes: no puedes controlar la ansiedad.

