Mi ansiedad me pregunta si todo va a salir bien...

Al escribir estas líneas estoy volando con mal tiempo y mi ansiedad me está poniendo a prueba porque, amigos míos, tengo miedo a volar.

El miedo nunca me ha paralizado, nunca he dejado de hacer algo por miedo si realmente mi cuerpo me pedía hacerlo. Pero esa vez, cuando acudí a la consulta de psicología notaba el miedo sobre mis hombros y entonces la ansiedad se apoderó de mí, de todo mi ser, de toda mi esencia.

Como a todos, la vida nos golpea y nadie sufre más que nadie, pero perdí mucho en un corto plazo de tiempo y, en lugar de respirar, intenté controlarlo, y al no poder hacerlo, porque no se puede, sentí miedo y en ese justo momento la ansiedad encontró un sitio donde quedarse y yo la dejé, incluso, la alimenté exigiéndome ser perfecta, lo que me agotó y me hizo más vulnerable y entonces caí. 

Yo no tenía ansiedad… La ansiedad me tenía a mí.

No recuerdo cuándo cambió, la verdad, si me paro a pensar, no recuerdo cuándo empecé a encontrarme mejor. Estoy intentando hacer memoria y no puedo y es porque no hay un día que haces click y todo desaparece pero sí que hay momentos en los que tú alzas la cabeza, sacas pecho, te pones los tacones emocionales para hacer ruido en ese pasillo tan estrecho que parece que te va a aplastar y te haces oír y entonces esa ansiedad se hace más pequeña. 

Ahora mismo, aterrizando en un aeropuerto en calma, mi ansiedad está a mi lado, pero es pequeña y me mira preguntándome si todo va a salir bien.

Y yo le contesto que sí, segura de que, si no sale bien, tendré las fuerzas suficientes para agarrarla de la mano y luchar, sin que ella me supere, que solo me acompañe.

La ansiedad nos acompaña. 

Solo necesitamos saber escucharla o bien que nos enseñen a ello. A Belén le costó un año que yo escuchara a la mía, porque el ruido de fuera no me dejaba oír más allá de mis miedos. 

¡¡¡Aprendamos a escucharla!!!

E.

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