Tardé días en saber que era ansiedad...

En mi caso, la ansiedad llegó una noche, de sopetón y sin previo aviso, y vaya sacudida. Yo estaba en la cama, después de haber pasado una tarde bastante mala, y habiendo perdido a mi madre unos días atrás después de unos meses muy duros de enfermedad.

El corazón empezó a latirme fuertemente y sentí que no podía respirar. Salí de la cama y me metí en la ducha. Ya más tranquila, me volví a meter en la cama y a los pocos minutos volvió de nuevo invadiéndome como una ola. 

Volví a salir de la cama, abrí la puerta de casa, respiré profundamente y bebí agua. Por suerte, esa noche no vino ninguna otra ola.

Tardé días en saber que había sido ansiedad, porque nunca había sabido qué era. Pasadas unas semanas, cuando el miedo a que me volviera a suceder empezó a paralizarme, me hizo plantearme dejar de hacer ciertos planes o probar cosas nuevas por miedo al miedo, decidí pedir ayuda.

En la consulta, de lo que más me ha ayudado ha sido entender cómo funciona la ansiedad en nuestro cerebro y en nuestro cuerpo. He comprendido que es una reacción instintiva de nuestra mente, que en mi caso, me ha puesto en alerta de que el mundo es muy jodido a veces y de que hay peligros que nos acechan, a los que nunca antes había prestado atención. Eso sí, he trabajado y sigo haciéndolo a día de hoy, en hablarme a mí misma para racionalizar los peligros y discernir entre los que son reales y los que no entrañan ningún peligro real.

También he aprendido que voy a tener que convivir con la ansiedad durante mucho tiempo, o para siempre, y que a veces no queda más remedio que hacer las cosas aunque sea con algo de miedo, siempre intentando a la vez calmar mi ansiedad hablándome con cariño y racionalizando. Pero también he aprendido que es importante escucharse a una misma y darnos tiempo, a no exigirnos hacer cosas para las que no estamos preparadas, y esperar, y darnos espacio para sentir tanto la tristeza y el miedo, como la alegría y la calma.

También es importante no penalizarnos cuando no nos veamos preparadas para llevar algo a cabo, a veces, sólo necesitamos tiempo. Y ese darnos tiempo, nos quita presión y nos ayuda también a controlar la anticipación; que es otro de los aspectos en los que sigo trabajando a día de hoy, en no dejar que la anticipación me invada. 

Al igual que con la ansiedad, cuando mi mente trata de anticiparse a algo que no me genera bienestar, me hablo desde el cariño y me centro en el presente, en el ahora, y en cosas y recuerdos que me gustan y me hacen sentir bien.

Y por último, otra de las cosas que me ha ayudado cuando he visto que podía llegar otra ola de ansiedad, ha sido tener mis manos entretenidas con algo, pintarme las uñas, escribir, leer una revista, o beber agua o comerme un chicle; ya que nuestros sentidos nos hacen volver al presente y distraen nuestra mente de la ansiedad .

Como resumen, para mí, sin duda, lo primordial ha sido el tiempo, comprenderme sin juzgarme por sentir ansiedad o miedo como los he sentido y sigo haciéndolo, y hablarme con cariño. De momento, puedo decir que en casi un año no he vuelto a tener ansiedad en su versión más heavy, aunque convivo con ella en algunos momentos, permitiéndole estar, pero sin dejar que me controle.

P.

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