diferencia entre miedo y ansiedad
Empecemos por lo más fácil: tanto el miedo como la ansiedad son emociones.
Y, como hemos explicado en los artículos anteriores de este blog, las emociones vienen incluidas en nuestro kit de supervivencia de seres humanos y nos ayudan a pasar las distintas situaciones y etapas de la vida de la mejor manera.
Lo que pasa es que a veces las emociones se desmadran, se desregulan…Esto ocurre sobre todo en situaciones de estrés.
No las vamos a culpar: somos humanos, no somos máquinas.
Es el caso de la ansiedad, que puede mirarse como un miedo extremo o desregulado.
Eso sí, estamos tan bien hechos, que hasta una emoción desregulada nos puede servir para informarnos de qué nos pasa y de qué cambios podemos hacer para encontrarnos mejor.
Por mucho que sea miedo, rabia, alegría o ansiedad, lo que nos queda claro es que escuchar nuestras emociones es darles permiso a que cumplan su función.
En los siguientes artículos aprenderemos a escuchar a la ansiedad pero antes vamos a distinguir entre la emoción de miedo y la ansiedad.
¿QUÉ DIFERENCIA HAY ENTRE MIEDO Y ANSIEDAD?
Ya hemos hablado mucho del miedo en este blog, de que es una emoción primaria e instintiva que nos acompaña desde que somos bebés, de que no podemos y no queremos vivir sin miedo e incluso hemos aprendido a gestionar el miedo en 5 etapas.
Ya sabemos que el miedo nos acompaña desde siempre.
Su función es alejarnos de lo que nos puede parecer peligroso. Cuando solamente éramos niños y entrábamos en casa y todavía no se habían dado las luces, ¿qué era aquel pellizco en el estómago?
Era miedo. Un aviso de que nos retiráramos de ese lugar porque era una amenaza para nuestra supervivencia.
Ya hemos comentado en los artículos anteriores que cuando estamos frente a una amenaza para nuestra supervivencia, sentir miedo nos hace darnos cuenta de que no contamos con los recursos para afrontar esa situación. Entonces, el mismo miedo dispara la señal de alarma y preparará a nuestro organismo para la huida o la lucha.
Sin embargo, en este artículo hablaremos de cómo podemos diferenciar el miedo de la ansiedad en la vida adulta porque «ansiedad» es una palabra que cada vez está más presente en nuestro día a día y nos conviene conocer de qué va todo esto.
Entonces, nos ha quedado claro que el miedo nos protege.
Peeeeroooooo…
¿Qué pasa cuando el miedo es desproporcionado o excesivo y no nos protege de algo real?
Cuando la sensación de miedo es desproporcionada respecto de la situación en la que estoy y me doy cuenta de que la emoción no me protege de un peligro real, seguramente este miedo se haya transformado en ansiedad.
Seguramente estaré proyectando en esta situación actual, una situación imaginada de un futuro terrible que me creará los síntomas de ansiedad y que quizá tiene que ver con una experiencia pasada que no he podido actualizar.
Es ahí cuando esta emoción se vuelve totalmente disfuncional y no es útil para tu supervivencia («más bien todo lo contrario»)… Sé que lo estás pensando…
Tu parte racional te dice que sí, que cuentas con los recursos necesarios para afrontar la situación (hacer cola en un supermercado, coger un avión, ir a un concierto, estar sentada en una sala pequeña y cerrada…) pero tu emoción es excesiva y te hace creer que no puedes sostener esa situación.
Tu emoción de ansiedad te desregula y te bloquea.
Por eso, como leíste en el artículo de Gestión emocional del miedo, lo más importante es escuchar el mensaje del miedo.
Para escuchar este mensaje, te puedes preguntar sinceramente:
¿Lo que me está inquietando ahora mismo tiene que ver con la situación real a la que me estoy enfrentando o mi imaginación ha volado y ha empezado a fantasear con cosillas que ahora mismo no están presentes?
Porque si tu miedo te habla de una situación imaginada futura y sientes hiperactivación extrema en tu organismo, es muy probable que se trate de ansiedad.
Si te habla de una situación presente, seguramente será la emoción básica e instintiva del miedo…
Y me podrás decir:
A mí me da miedo volar y es una situación presente porque voy a coger un avión.
Y yo te preguntaré:
¿A qué tienes realmente miedo en la situación del vuelo?
Me respondes:
A encontrarme mal en el vuelo.
A que haga mal tiempo.
A que haya turbulencias.
Y yo te lo traduzco:
¿Y si me encuentro mal en el vuelo?
¿Y si hace mal tiempo?
¿Y si hay turbulencias?
Porque ahora no te estás encontrando mal ni hace mal tiempo ni hay turbulencias, ¿verdad?
Estás futurizando.
Te estás adelantando.
Tu emoción no es acorde al momento presente y está desregulada.
Y eso es lo que está hiperactivando a tu organismo.
Eso es lo que te lanza los síntomas de ansiedad.
Escúchala…
La ansiedad se dirige a ti con oraciones que comienzan con ¿Y si…? ¿Y si…? ¿Y si…? ¿Y si…?
Y esos ¿Y si…? no te hablan de opciones agradables, sino que te transportan a un futuro terrible.
La ansiedad te rapta del momento presente, te lleva a Ysilandia: “el país del futuro aterrador”, y este viaje hace que tu cuerpo sienta miedo en el presente pero,¡ojo!, la situación en sí no está en tu presente. De hecho, esa circunstancia terrible “todavía” no existe en otro lugar que no sea tu imaginación.
Es por eso que en la mayoría de artículos y blogs de psicología, leerás que: el miedo se siente frente a una situación real y la ansiedad se siente ante una situación imaginada o irreal.
La movida aquí es que tu organismo vive esta situación imaginada como si fuera real y reacciona con los desagradables síntomas de la ansiedad, que son justamente los que te ayudarían a escapar de esa supuesta tragedia: palpitaciones, sudor, tensión muscular… La preparación perfecta para echar a correr.
Y añadiré más, la ansiedad tiene que ver con el pasado, con lo que tú has aprendido en algún momento que era una amenaza para ti, aunque en el presente no seas consciente de ello.
Si en algún momento, por mis circunstancias personales, yo he aprendido, aunque sea de forma inconsciente, que soltar el control es un peligro para mí, puede que sienta ansiedad a la hora de coger un avión.
Porque… ¿acaso hay un lugar donde pueda controlar menos que a 12.000 metros de altitud suspendida en el aire, en un lugar reducido, sentada, amarrada por un cinturón, donde lo único que puedo hacer es cruzarme de brazos y confiar en que un señor o señora piloto que no conozco hará todo lo posible por llevarme a un lugar a salvo?
¿¿Estamos de broma?? !Yo no quiero confiar en nadie! ¡¡¡¡¡Yo lo que necesito es controlar un poco y que alguien me diga que todo va a salir bien!!!! – Te grita tu ansiedad, no sin razón, en el asiento 22B del Airbus A3 20 Ibiza- Barcelona. Porque encima te ha tocado el asiento de en medio, claro…
He escrito sobre la «necesidad de controlar» relacionada con la aerofobia como podría haber puesto cualquier otra situación que nos provoque ansiedad.
Hay escenas de nuestra infancia, adolescencia o temprana juventud que influyen directamente en nuestro presente y en nuestra idea de futuro.
Momentos en que hemos sentido terror, miedo, inseguridad, desprotección… y, aunque sea de forma inconsciente, eso nos está afectando porque en su momento no lo gestionamos de forma saludable o éramos niños y no nos supieron acompañar en el manejo de esas emociones.
ASEGÚRATE. PREGÚNTALE A TU MIEDO
Entonces, para diferenciar entre miedo y ansiedad, el primer punto sería identificar si la intensidad del miedo que estás sintiendo es acorde con la situación que está disparando este miedo.
La pregunta es:
¿Lo que siento es de intensidad acorde a lo que hay?
Siempre encontraremos situaciones que nos generen miedo. Si ante algunas de ellas, sientes un miedo excesivo que no se corresponde con el miedo que tu sentido común dice que deberías sentir en esa situación de la vida adulta, pasa a la segunda pregunta:
¿Lo que siento tiene que ver con lo que hay o responde más bien a algo imaginado y futurizado?
Si tu miedo es muy molesto, intenso, te habla en forma de “¿Y si…” y te lleva a un futuro catastrófico…
Seguramente estés sufriendo de ansiedad y esta emoción te estará informando de que en este estado de desregulación emocional quizá crees no tener los recursos necesarios para hacer frente a ese momento de tu vida.
Ese es el trabajo que hacemos en terapia: le preguntamos a la emoción, escuchamos qué es lo que responde, la regulamos y vemos los recursos que sí que tienes para afrontar esa situación ante la que sientes tanto estrés, recursos que quizá este miedo abrumador no te está dejando ver.
¿Y si no tienes los recursos? Los creamos. No te preocupes por nada.
En terapia no aprendemos a eliminar o controlar las emociones porque, como hemos dicho en la introducción del artículo, estas reacciones de nuestro organismo forman parte de nuestro kit de supervivencia y no queremos deshacernos de ellas. Queremos comprenderlas.
Por ello, en terapia aprendemos sobre las emociones, sobre su función, su mensaje, su gestión.
Desde luego, ¡ojalá las cosas fueran tan sencillas como lo que acabas de leer!
A veces el miedo real nos aparece mezclado con una sensación de ansiedad y viceversa, justamente porque somos seres humanos y no máquinas.
Las emociones son reacciones complejas de nuestro organismo. Entenderlas y aprender a manejarlas forma parte de nuestro proceso de autoconocimiento cuando tomamos la decisión de dejar de huir y tomar las riendas de nuestra vida.
Y si la emoción del miedo se ha desregulado y se te está manifestando como ansiedad, seguramente te esté dando el mensaje de que es el momento de tomar las riendas de tu vida.
Es por eso que en los siguientes artículos, profundizaremos en el tema de la ansiedad.
Quizá te apetece leer sobre los distintos trastornos de ansiedad, o decides que vas a conocer más sobre la ansiedad para después dar el paso de entenderla.
¿Sabes qué? Creo que es buena idea que leas el siguiente artículo: “Tardé días en saber que era ansiedad” en el que P. nos habla con valentía y fortaleza del momento en el que se dio cuenta de que lo que le pasaba era ansiedad, de su proceso a la hora de escuchar su mensaje, de entenderla, validarla y aceptarla con frases tan maravillosas como:
Eso sí, he trabajado y sigo haciéndolo a día de hoy, en hablarme a mí misma con cariño para racionalizar los peligros y discernir entre los que son reales y los que no entrañan ningún peligro real.
Creo que es un buen artículo para empezar…
¡Gracias, P., por poner en preciosas palabras tu historia y compartirla!

