¿QUÉ NOS ENSEÑA LA CULTURA/DICTADURA DE LA DIETA? PARTE II
En el artículo anterior, la parte I que trata sobre qué nos enseña la cultura de la dieta, has podido leer que este conjunto de mandatos sociales nos enseñan cosillas como:
los cuerpos normativamente delgados son los únicos que son dignos.
parte de tu vida debe girar en torno a conseguir el cuerpo perfecto porque si tienes ese cuerpo, conseguirás lo que quieras.
- aunque cada vez está afectando a más hombres, la preocupación constante por el cuerpo es “cosa de mujeres”.
Peeeerooo… Toda una cultura no puede estar basada en solamente tres creencias (aunque los efectos de estas se exapandan a innumerables aspectos de tu vida).
Aquí te dejo cinco mandatos más en los que se basa la cultura de la dieta.
La cultura de la dieta nos enseña que si no tienes el cuerpo perfecto, sufrirás eternamente y uno de tus objetivos vitales será conseguirlo
La insatisfacción corporal crónica en la que nos sumerge la cultura de la dieta y que causa tanto sufrimiento tanto a los hombres como a las mujeres puede acarrear problemas si es sostenida durante mucho tiempo, llegando a afectar en menor o mayor grado a tu vida.
Podemos llegar a sufrir una distorsión de la imagen corporal. Esta distorsión nos pone un filtro negativo a través del cual vemos nuestro cuerpo, es decir, no te ves como eres realmente.
Es como si te vieras a través de unas gafas que desfiguran tu cuerpo, cosa que puede limitar y condicionar mucho tu vida (no voy a la playa, me pongo ropa ancha, según qué alimentos son Satanás pero me gustan y de repente me he comido un kilo o un paquete entero…).
Esto ocurre porque la construcción de la imagen corporal es un proceso subjetivo que empieza en la infancia y que tiene tela así que tendrá su propio artículo de blog.
A fuerza de insatisfacción corporal y en el peor de los casos, podemos llegar al trastorno dismórfico corporal.
Una persona que esté diagnosticada de este trastorno compromete casi totalmente su vida por lo que considera que es un defecto (que quizá no es un defecto como tal ya que está alterada su capacidad de percepción).
Nota: un trastorno psicológico no puede ser autodiagnosticado según lo que me diga Instagram o un influencer por mucho que sepa del tema. Un trastorno solo puede ser diagnosticado por un profesional de la psicología o de la psiquiatría.
Pero no nos vayamos tan allí.
En lo que nos movemos la mayoría de la población, tanto hombres como mujeres (pero más mujeres), es en un estado normalizado de insatisfacción corporal.
Sí, como ya leíste en el artículo sobre qué es la cultura de la dieta, hemos normalizado a fuerza de escuchar diariamente en los medios, en comentarios de familiares, amigos, compañeros de trabajo… que hay cuerpos que son mejores, más válidos y queribles que otros.
Al ser humano nos gusta (y necesitamos) sentirnos validados y queridos. ¡Por eso es natural que quieras uno de esos cuerpos!
La cultura de la dieta nos enseña que si tienes un cuerpo no normativo, serás un triste personaje secundario con características poco deseables
La cultura de la dieta nos inculca unas creencias que así, a simple vista, te las cuentan y dices:
“Noooooo, yo no soy así”.
Rasca un poco más.
Quizá no eres del todo consciente de lo que piensas pero seguramente estés actuando desde esa creencia tan instalada.
Vamos a probar. Te hago una pregunta:
Para tu empresa, ¿contratarías antes a una persona delgada o a una persona con sobrepeso?
El currículum es el mismo.
Piénsalo detenidamente.
¿Es cruel esta pregunta?
¿Pero cuál sería tu respuesta?
El currículum es el mismo.
Piénsalo detenidamente.
No te gusta pensar ni ser así, ¿verdad?
Es fundamental tomar conciencia de lo que hemos aprendido para poder cuestionarlo.
Por eso escribo estos artículos.
Aquí entraría darnos cuenta de que la cultura de la dieta nos enseña que ciertos cuerpos están asociados a ciertas características porque nos han bombardeado con información de que tener un peso ideal y un cuerpo normativo es cuestión de voluntad.
Y como nos lo enseñan y nos lo repiten, pues nosotros lo aprendemos. Para eso tenemos nuestro cerebrillo. Para aprender.
Por eso, aunque sea de forma poco consciente, no voy a contratar a una persona con sobrepeso porque quizá «no tiene voluntad» y seguramente «no se esfuerce lo suficiente…»
(Lo pongo entre comillas porque son creencias que hemos asimilado a fuerza de que nos las repitan de forma insistente y sibilina).
Con todas las consecuencias que eso implica.
Si te estás dando cuenta de que hay algo dentro de ti que está asintiendo ante tal barbaridad… ¡Ojo!
Los personajes de las series, películas y cuentos con cuerpos no normativos suelen tener papeles secundarios y presentan características de personalidad que habitualmente no son las deseadas ni las deseables.
Sé que eso está cambiando (¡Aleluya!) pero no bajemos la guardia.
Escribo esta serie de artículos sobre insatisfacción corporal y cultura de la dieta porque este es un tema (un problema) social y comunitario y, como tal, merece ese tipo de abordaje.
La cultura de la dieta es, al fin y al cabo, un sistema de creencias creado e instalado en la sociedad.
A veces me encuentro en consulta tratando temas de insatisfacción corporal como si fueran problemas individuales y me sabe mal porque, repito, esto no es algo que nos pase de forma aislada o personal.
No es válido patologizar síntomas que cursan de forma global en gran parte de las personas.
Si pasa esto, no es que tú estés mal, sino que lo de fuera necesita un cambio.
Si pasa esto, no es que tú estés enferma.
Es por ello que creo que la cultura de la dieta necesita una denuncia comunitaria, un trabajo desde un enfoque colectivo para recibir una solución colectiva.
¡Envíale estos artículos a todas tus amigas!
Vale, después de esta exaltación de nuestros derechos, seguimos… Y para saber dónde estamos, vamos a seguir analizando de dónde venimos.
En la película clásica, la protagonista y el protagonista cumplen al 100% con el cuerpo normativo.
Hablo de las mujeres pero te puedes imaginar las características del protagonista hombre.
La protagonista de la peli clásica es querida por todos, por eso es «la popular», porque estudia o trabaja sin que le suponga ningún problema, tiene recursos para gestionar sus cosillas, se esfuerza y tiene éxito.
La prota es sonriente, lista, «comedida»… Un poco patosilla, eso sí, porque el “nadie es perfecto” en la película clásica entra dentro del ser perfecto.
Te cuento esto por resumirlo un poco porque las cualidades deseables que tenemos asociadas a un cuerpo normativo son muchas más.
Pero ahora vamos a dirigir la mirada a la amiga de la protagonista, la dama de honor, la que arrima su hombro para que la prota llore cuando recibe el desengaño amoroso del prota… la que normalmente tiene más kilos “de los que debería”, la que se enamora del amigo del prota…
Es que esto también pasa con el amigo del protagonista. Con hombres es parecido.
¿Con qué características viene asociado este personaje secundario?
La amiga de la protagonista que tiene “unos kilos de más” suele ser:
- Insegura
- Soñadora
- Glotona
- Perezosilla
- Simpaticona
- No muy lista
- Enamoradiza
- Bonachona
- Fantasiosa
Son características que así, de entrada, te hacen gracia en otras personas pero no quieres para ti.
Aparte de la amiga de la prota, entre los personajes que tienen cuerpos gordos o grandes también encontramos “la que todo lo consiente”.
Este personaje queda ejemplificado en las tres Hadas Buenas, las Hadas de la Bella Durmiente o de la Cenicienta.
Son las mujeres (hombres también) bonachonas, siempre dispuestas, las abuelitas majas…
Tampoco quieres ser ese personaje.
Porque ese personaje hace el bien a pesar de todo (aunque le hayan hecho mal), siempre sonríe (aunque esté triste), prioriza siempre al otro, se olvida de ella misma y es nefasta a la hora de poner límites así que acaba atracándose de comida para poder gestionar su ansiedad.
Muchas malas de película, o brujas también tienen cuerpos grandes, como por ejemplo Úrsula, la bruja del Mar, o la Reina de Corazones.
Me encanta que las mujeres cada vez más queremos ser la mala o la bruja pero, de entrada, nos enseñaron que tampoco quieres ser ese personaje.
¿Qué me dices de “la chistosita”? Un puro ejemplo de mujer chistosita con cuerpo grande o gordo es Bridget Jones.
A ti te hace mucha gracia Bridget Jones pero no quieres ser Bridget Jones.
Vale. Bridget Jones pasó de moda. Reinó en las pantallas por allá a principios de los años 2000.
¿Eso ya no pasa? ¿Has visto la peli de “¿No es romántico?”
Aquí tenemos a Rebel Wilson, chica ingeniosa y crítica, sí, pero otra vez en el personaje de la chistosita con cuerpo grande.
Por cierto, Rebel Wilson tuvo una sonada y celebrada pérdida de peso hace poco.
Pero, un momento, ¿qué hago yo opinando sobre el cuerpo de otra persona?
En fin…
La cultura de la dieta nos enseña que puedes opinar sobre cualquier cuerpo que no cumpla con la norma. También puedes insultarlo si tienes un mal día
Otra cosilla que nos enseña la cultura de la dieta es que podemos opinar sobre otros cuerpos si estos se alejan de la norma.
También puedes opinar sobre los cuerpos normativamente deseados, claro.
También puedes sentir envidia y sentirte inferior a las personas que los poseen.
Pero, sobre todo, puedes opinar sobre los cuerpos que rompen con la norma.
En las redes sociales leeremos sin descanso “Cállate, gorda” o “Ponte a dieta y cállate la boca” porque una de las enseñanzas de la cultura de la dieta es que solamente las personas con un cuerpo normativo tienen derecho a expresarse.
También leeremos “Estás en el chasis” o “que alguien le dé un bocadillo de jamón” porque aquí no solo sufren las personas con cuerpos grandes.
Las personas con cuerpos delgados no normativos, es decir, “demasiado” delgados, también sufren este tipo de humillaciones.
Ese modo de hacer sufrir a las personas ya tiene un nombre: “skinnyshaming”.
La cultura de la dieta nos enseña que tienes el derecho a opinar sobre un cuerpo que no es normativo.
«Júzgalo e insúltalo».
«Se lo merece por no cumplir con las normas».
Son dos de las frases que estas normas te susurran al oído. Creencias, por cierto, que están en la base de la violencia estética.
Nadie queda fuera de la dictadura de la dieta. Los hombres tampoco, pero menos, jolines.
Con vosotros, hombres, se meten menos.
He encontrado este artículo de Vanity Fair sobre cómo respondieron algunas mujeres famosas a los insultos que se han dirigido a su cuerpo.
Pero no he encontrado un artículo parecido que tratara sobre un montón de hombres famosos que ha sidon insultados y han tenido que defenderse.
Qué cansancio, de verdad.
Si le das al link del artículo de Vanity Fair que te acabo de comentar, observarás que las mujeres se defienden de esta violencia estética como pueden (ya te digo que otra cosilla de las que nos enseñan la cultura de la dieta es que no necesitas un cuerpo para defenderte, que es mejor que te salven salven).
Si lees lo que contestan a estos insultos con atención, te darás cuenta de que algunas de las respuestas de estas mujeres, las de Kim Kardashian o Demi Lovato, destilan insatisfacción, presión y exigencia.
Son respuestas de personas que intentan liberarse pero que siguen bajo el mandato firme, bajo el yugo de la dictadura de la dieta.
No las culpo, las compadezco porque se sufre mucho con esa sensación de no tener el cuerpo que deberías tener y, por tanto, no ser lo suficientemente válida ni querible.
Mis respuestas favoritas son las de Amy Shumer, que después de haber recibido insultos sobre su cuerpo, responde:
“Tengo una talla 6 y no tengo planes de cambiarla. Esto es todo. O lo tomas o lo dejas. Besos”.
La talla 6 estadounidense equivale a una 40 o 42 europea.
Estas tallas, la 40 y la 42, en Estados Unidos, son catalogadas de “plus size”.
Venga.
Ya te han puesto la etiqueta en la frente.
Ahora a comprar productos zero o light, a visitar la clínica estética más cercana, a hacer ejercicio para compensar, a saltarte comidas…
Porque, amiga, te lo dice peña que sabe mucho de moda y de tendencias: tienes una pluz size.
La respuesta de Lili Allen es como recibir un cubo de agua congelada que te despierta y te hace ver, de una vez, la f******* realidad.
Transcribo aquí su contestación por si te ha dado pereza abrir el link del artículo:
«Sí, después de haber perdido trágicamente un bebé puede que haya ganado algunas libras. Encontré consuelo en la comida. Los dos embarazos que lo siguieron fueron horribles después de lo que me había pasado así que estuve en cama casi durante 20 meses. No hacía ejercicio porque no quería arriesgarme, y aunque a algunos les sorprenda, la vida de mis hijos me pareció más importante que estar delgada».
Una mujer ha hablado de esta forma sobre su intimidad más dolorosa a un montón de desconocidos.
Ojalá, comentadora de cuerpos ajenos, esto te haya servido por lo menos para callarte la boca durante una temporada.
Digo «comentadora de cuerpos ajenos» porque el comentario al que Lili Allen contestó, salió de la boca de otra mujer que dijo sobre Lili:
“Me gustaba cuando cantaba… Se alejó de la luz pública porque quería ser madre y eso supuso engordar 12 kilos y estar bastante horrorosa”.
¿Cómo una mujer puede juzgar así la vida y el cuerpo de otra mujer?
Pues porque hemos aprendido a hacerlo y se ha normalizado.
Nos han enseñado a competir para ver quién es mejor, quién es la elegida.
Ya sabemos que la que se lleva al príncipe es la que tiene un pie minúsculo que cabe en un puto zapatito de cristal.
¿Quién puede echar a correr en momentos de necesidad o tener una vida medianamente normal con zapatitos de cristal apretándole los juanetes?
Hermanas, la respuesta que deberíamos dar en masa sería:
No vas a dejar de juzgar nunca mi cuerpo porque te han educado para eso, ¿verdad? Pues que sepas que para mí, mi cuerpo es válido, valioso, deseado y deseable porque me lleva y me trae, y me acompaña todos los días y me da un montonazo de alegrías.
¿No vas a dejar de juzgar nunca mi cuerpo? Pues mira: me la sopla porque yo sí que lo voy a dejar de juzgar y voy a empezar a, simple y llanamente, agradecerle su presencia , su apoyo y su existencia.
Este habría sido un bonito final para este apartado.
Pero no acaba aquí.
No merece la pena que le des al link del siguiente artículo.
En serio, no lo leas.
En él hay fotos de los distintos pesos que ha tenido el cuerpo de Lili Allen en los momentos pre post y entre embarazos.
No leas el artículo, no merece la pena, solo presta atención al título:
“Lili Allen presume de sus 18 kilos de menos”.
En el artículo no cuentan que a Lili se la ve más animada ni más enérgica. Que parece que esté saliendo de su depresión. El artículo no dice que esta mujer parece más alegre y menos agobiada.
Y mi pregunta es:
¿Cómo coño se “presume de 18 kilos de menos” en una foto?
¿A través de qué filtro estás observando e interpretando la actitud y la sonrisa de esta mujer?
Mujer: has de estar delgada siempre y por siempre
Por eso digo que lo nuestro es una lucha histórica.
Es una lucha que en un principio ocurre de puertas para fuera pero que poco a poco y cuando todavía soy una niña, se vuelve una lucha interna.
Una lucha en la que la victoria implica dejar de ser yo misma.
Dejar de querer y aceptar mi cuerpo como es.
Dejar de quererme y aceptarme como soy.
Exigirle a mi cuerpo que cambie.
Exigirme.
Castigar a mi cuerpo si no cambia.
Castigarme.
Y bajo todo ese sufrimiento está la creencia de que las personas o mujeres con un cuerpo normativo son las únicas dignas de ser valoradas, deseadas, escuchadas.
Y todo lo demás es inaceptable, opinable e insultable.
Existe el mandato firme de que todas tenemos que estar delgadas y tenemos que hacer cualquier cosa para lograrlo.
Y que tenemos que mantener esta delgadez normativa en todos los momentos de la vida, incluido el posparto, incluido el embarazo, te diría.
Recuerda el artículo que juzga los distintos pesos de Lili Allen pre durante y post embarazo.
Porque según la cultura de la dieta tienes que ser una embarazada mona, y con mona quiero decir que ganes pocos kilos y que luzcas una minúscula tripita apenas.
«Comedida».
Y que quedes super super cuqui en las fotos de embarazo.
También tenemos que mantener esta delgadez independientemente de nuestro estado de ánimo, momento hormonal…
Tenemos que mantener esta delgadez incluso en nuestra madurez.
No estoy animando a que abandonemos los buenos hábitos en las distintas etapas de nuestra vida.
No es eso.
Lo que digo es que no tenemos control absoluto sobre nuestro cuerpo.
Lo que digo es que exigir a nuestro cuerpo que se mantenga invariable siempre y por siempre no es una forma saludable de relacionarnos con nosotras mismas.
Nos vemos obligadas a luchar contra la idea o contra el hecho de que nuestra constitución puede cambiar.
Nos vemos obligada a perseguir o mantener el cuerpo normativo durante tooooda la vida.
O, llegada la madurez, a resignarnos y vivir en un duelo continuo y alimentarnos de “tiempos mejores” lanzando a cada dos por tres frases como:
“Yo, cuando era joven, tenía una 36…”
… y convivir incómodamente con la insatisfacción y el malestar que estos pensamientos intrusivos y constantes nos generan.
Porque resulta que hoy, cuando te miras al espejo, no tienes una 36 pero eso es lo que te han enseñado que has de desear, aunque te juegues la salud mental con ello.
Persigue y obsesiónate con el cuerpo normativo para "estar sana"
Otra de las falacias de la cultura de la dieta es que nos cuenta que delgadez es salud y el resto es enfermedad.
Estar delgado no significa estar saludable. Es, también, un mito que el normo peso sea un indicador de salud.
Si tienes un cuerpo grande o gordo no significa que estés enfermo. Busca información por ahí.
Te han hecho creer que si tienes un IMC distinto del recomendado, careces de salud.
Pero se sabe que el IMC es un índice dudoso del estado de salud y no tiene en cuenta muchísimas otras variables.
El IMC, que ha sido utilizado para caracterizar el grado de sobrepeso (ya, por suerte, lo están dejando de hacer la mayoría de profesionales) , fue inventado por un señor matemático a mediados del siglo XIX.
Este señor matemático, por cierto, no tenía trato con pacientes.
Sin embargo, todavía hay muchas personas desinformadas pero con poder que defienden sus argumentos basándose en el IMC.
El otro día vi el vídeo de un YouTubber que argumentaba contra una Influenser (la belleza del lenguaje globalizado es pasmosa).
Resulta que esta influensser tiene obesidad y justamente explicaba que el IMC no es un buen predictor del estado de salud.
Entonces, el YouTuober (ppfffff… ¿Cómo se escribe este viejo neologismo?) se indignó con el discurso de la chica e hizo un vídeo para responder en defensa de su amigo IMC, en el que decía lindeces del tipo:
“el éxito puede ser medido en centímetros o kilos perdidos”
y
“aunque esto no significa que las personas gordas no merezcan que se las trate con respeto”
Pues eso.
Porfi, señor YouTuber, aparte de informarse sobre lo chuli que es el IMC, lea usted sobre violencia estética, microagresiones, microgordofobias y prejuicios sutiles. Ya si eso, luego graba el vídeo.
Creo que el mensaje sutilmente violento y provocador del chico YouTouuberr ha llegado bien a sus seguidores a juzgar por los comentarios gordofóbicos que recibe el vídeo.
Uno de esos comentarios de sus fans reza algo así como: “No se preocupe, nosotros le defendemos de la gorda”.
No te pongo el link del vídeo. De verdad que no necesitas verlo.
Hablando de microagresiones, si tienes un ratillo quizá puedes echarle un vistazo a este interesante debate que he encontrado en Quora.
Según Daddy Google, Quora es “un motor de búsqueda y red social en donde las personas preguntan y responden sobre todo tipo de temas. Su finalidad es conseguir una base de conocimiento al que tengan acceso todas las personas y empresas”.
OK. Lo dicho. Si tienes un ratillo, léete el debate (en aras del conocimiento, desde luego) sobre ¿Qué prefiere un hombre, una mujer delgada o una gordita? – Quora
Yo me quedo con la siguiente joyita de respuesta:
“Depende, hay chicas que no son gorditas sino un poco rellenas o de huesos gruesos que de hecho tienen muy buen cuerpo, depende mucho del punto de vista y varia mucho de hombre a hombre, a mi gusto, me gustan las chicas delgadas, pero creo que me inclino mas a que sean de cuerpo estilizada”.
Creo que queda todo dicho.
CONCLUSIÓN sobre qué nos enseña la cultura de la dieta
En psicología, el límite entre lo patológico y lo que no lo es, se evalúa en función de la medida en que algo afecte a tu vida diaria.
Está claro que la insatisfacción corporal, los complejos y los pensamientos intrusivos acerca de cómo debería ser tu cuerpo, los sufres tú.
Tú estás «patologizada» o «patologizado», sí, porque notas el sufrimiento en tu mente y en tu cuerpo pero escúchame: TÚ NO ERES EL PROBLEMA.
De forma totalmente errónea, TE HAN HECHO CREER QUE TÚ y TU CUERPO SOIS EL PROBLEMA.
Sin embargo, LA QUE ES PATOLÓGICA ES ESTA SOCIEDAD que se ha construido en torno a las enseñanzas de la cultura de la dieta.
Te han han repetido hasta la saciedad que hay algo malo en ti.
Y tú te lo has creído. Tú lo has aprendido.
Pero tú no eres defectuoso. Lo que te han hecho creer sobre ti es defectuoso.
Te han hecho creer que si no tienes un cuerpo normativo, debes desearlo y hacer cualquier cosa (sobre todo gastar dinero y pasarlo mal) para conseguirlo.
Has aprendido que si lo consigues, tendrás todo lo que necesitas.
Por eso es natural que lo persigas.
Te han hecho creer que si tienes un IMC distinto del recomendado, careces de salud.
Te han convertido en dietante crónico o en alguien que se preocupa constantemente por lo que come (o no come) o por qué forma tiene (o no tiene) su cuerpo.
Lo han conseguido: has perdido el contacto con tu necesidad real y orgánica de alimentarte, de nutrirte, de cuidarte, de darte lo que necesitas.
¿Y qué es una persona que no sabe lo que necesita? ¿Cómo va a ir a por ello?
Lo han conseguido: has entregado el poder.
Tú puedes cambiar de objetivo. Puedes elegir un objetivo saludable.
El objetivo saludable es tener unos buenos hábitos, disfrutar de la vida y encontrarte bien contigo.
El objetivo no es conseguir el cuerpo perfecto.
Hay tanta información ahí afuera y tanto dinero invertido en confundirte.
Pero lo que hagamos con toda la información está en nuestras manos.
Te repito, no estoy haciendo apología del sobrepeso y de los malos hábitos.
Pero, ojo, el objetivo no es machacar a las personas que no cumplen con el canon de cuerpo perfecto (el tuyo incluido). Eso es lo que nos han hecho creer y lo que estamos perpetuando. Y hay muchas personas sufriendo por ello.
El objetivo es mantener los buenos hábitos, disfrutar de tus verdaderos marcadores de salud (sentir más energía y ligereza en tu día a día, mejores digestiones…) y cuidar de tu cuerpecito, agradecerle que siempre ha estado ahí contigo contra viento y marea.
El objetivo es tomar conciencia de que tú no estás ganando con todo esto.
El objetivo es cuestionar todo lo aprendido sobre los cuerpos.
El objetivo el poder saber cuáles son tus derechos, poder elegir, poder defenderte.
El objetivo es recuperar el poder.
Quizá después de leer todo esto, te preguntas por qué… ¿Por qué obedecemos a la cultura de la dieta? ¿Por qué acatamos estos mandatos sin rechistar como si fuéramos zombies descerebrados?
Buena pregunta. No lo dudes y lee, por favor, el siguiente artículo.

