qué es cultura de la dieta

¿QUÉ ES LA CULTURA DE LA DIETA?

La cultura de la dieta es un sistema de falsas creencias, una creación social que nos afecta profundamente desde hace décadas.

Las normas que dirigen la cultura de la dieta nos dictan, por un lado, cómo deben ser nuestros cuerpos.

Y por otro lado, estos mandatos que provienen de la cultura de la dieta nos imponen qué comportamientos (qué comer, qué cirugía hacerme, qué parte de mi cuerpo debo «moldear») debemos llevar a cabo para conseguir ese tipo de cuerpo tan ideal como imposible.

La cultura de la dieta está basada en creencias que hemos aprendido

Estamos tan captados por la cultura de la dieta que no somos conscientes de cuánto nos afecta.

Pero si yo ahora mismo te pregunto: 

¿Qué tipo de cuerpo te gustaría tener? o ¿qué le falla a tu cuerpo? o ¿qué te gustaría cambiar de tu cuerpo?

Quizá tienes clarísimo qué es lo que querrías “remodelar” de tu cuerpo, utilizando el lenguaje de las “expertas en belleza” o quizá lo tienes que pensar un ratito.

Pero, vamos, que seguramente llegaría una respuesta: 

Pues mis brazos son demasiado gordos…

Siempre he querido operarme la nariz…

Esta barriga…

Mis piernas, obviamente…

Quiero estar más delgada…

Quiero los abdominales de Brad Pitt…

Las respuestas salen en torrente por tu boca pero la realidad es que no eres tú quien ha elegido conscientemente dar esas respuestas. 

Esa respuesta viene condicionada por las creencias que has aprendido en esta sociedad donde la cultura de la dieta tiene un lugar protagonista.

Si yo ahora mismo te pregunto: 

¿Qué has de comer para conseguir tener ese cuerpo perfecto? o ¿qué otras cosas has de hacer para conseguir tu cuerpo ideal? 

Me responderás con un montón de información clara y concisa:  comer esto, no comer de esto, hacer este ejercicio, “cuidarme” de esta manera…  

Pero tú no habrás elegido esa respuesta. Esa respuesta viene condicionada por lo que te has aprendido al haber crecido en la cultura de la dieta.

Alguien sale ganando con toda esta insatisfacción. Y no eres tú, por supuesto.

Sé que cuesta creer que nos han comido la cabeza hasta tan punto.

Pero así es.

Llevamos mucho tiempo recibiendo el mismo mensaje de que nuestro cuerpo no es el correcto, así que eso es lo que hemos aprendido: mi cuerpo es defectuoso.

Para eso tenemos nuestro cerebrito: para aprender.

Los anuncios, la industria alimentaria de los productos zero, las clínicas de operaciones estéticas, redes sociales, tu tía que ha sufrido lo mismo que tú, películas, series, la industria de la cosmética y la belleza normativa… Nos llega la misma información a través de mil medios: 

“Hay algo en tu cuerpo que falla y, si nos haces caso, puedes arreglarlo”.

El aprendizaje por repetición es uno de los más poderosos porque dejamos de reflexionar acerca de lo aprendido porque aprendido está.

Y como está aprendido, nuestro cerebro ahorra energía al no tener que estar analizando información nueva.

A nuestro cerebrillo le encanta ahorrar energía. 

Podemos no ser conscientes de aquello que nos han enseñado por repetición y aun así, nos comportamos y relacionamos según esas creencias aprendidas.

Siguiente pregunta:

¿Recuerdas algún momento en el que estuvieras total y absolutamente a gusto en el cuerpo que tienes?

Mira este vídeo. Quizá te viene algún recuerdo.

Seguramente el vídeo esté hecho para conseguir el efecto que quiere. Seguramente el vídeo esté sesgado y se han elegido los comentarios y escenas para crearte esa sensación que tienes ahora mismo.

Pero sabes que hay algo de verdad: de niños ni nos planteábamos qué le fallaba a nuestro cuerpo. 

Quizá ni lo recordamos porque recibimos comentarios dirigidos hacia nuestro cuerpo desde bien pequeños que ya nos siembran la semilla de la inseguridad y la duda, la sensación de que algo no está bien en este cuerpecito que me sirve para hacer un montón de cosas.

Pero sí, hubo una época, con dos, tres, cuatro años en la que no juzgábamos nuestro cuerpo. 

Duró poco porque muchas personas recuerdan que ya recibían comentarios (positivos o negativos) a las edades tempranas de cinco o seis años.

Vale. Pues ahí empieza todo.

La imagen corporal y la insatisfacción que sentimos con nuestros cuerpos es algo aprendido, algo que ha sido creado desde fuera. 

Escúchame bien: tú no has elegido en ningún momento estar a disgusto con tu cuerpo.

Hemos aprendido que a nuestro cuerpo le falla algo, de ahí que convivamos (unos más y otros menos) con la incómoda sensación de insatisfacción corporal.

Eso de la insatisfacción corporal tiene mucho que ver con la cultura de la dieta pero el tema es tan amplio que tendrá su propio artículo en este blog.

Ahora lo más importante es entender que hemos aprendido a juzgar constantemente nuestro cuerpo.

Y que la cultura de la dieta gira alrededor de todos los aprendizajes que hemos ido integrando poco a poco en nuestra forma de pensar acerca de qué está mal en nuestro cuerpo y qué podemos hacer para cambiarlo.

¿Repito mucho aquí el verbo “aprender”?

Sí. Es con intención.

Para que te quede claro.

Porque para eso tenemos nuestra tremenda mente humana: para aprender y crear creencias a través de las cuales podamos entender  y relacionarnos con los otros y con el mundo.

Y te mueves desde lo aprendido aunque tú no hayas elegido conscientemente si ese aprendizaje, norma o regla, te interesa o no.

Esto pasa especialmente con lo que aprendemos a edades tempranas.

Y lo de ponernos a dieta para conseguir cuerpos delgados para que les quepa un bonito traje…

Pues hay mujeres que vivieron eso en su primera Comunión. Y en la Comunión nuestro cuerpo cuenta con unos 8 añitos.

¿Desde tan temprano la cultura de la dieta?

Sí. Y desde antes. Piensa que las personas que te han criado seguramente no han logrado escapar a esta cultura.

Supongamos que la niña de cinco años está feliz y satisfecha con su cuerpo porque le permite jugar, le permite abrazar a sus amiguis y empujar a quien le molesta en el parque… 

Pero poco a poco le van mandando mensajes de que algo le falla y la ponen a dieta para la primera Comunión.

La niña deja de estar feliz y satisfecha con su cuerpo. Empieza a pensar que algo anda mal. 

Empieza el juicio y la insatisfacción corporal.

Parte del objetivo de este artículo es que empecemos a poner conciencia en que no tenemos una idea autónoma o propia de cómo han de ser nuestros cuerpos.

Repito: la idea que tenemos de nuestros cuerpos y sobre cómo han de ser nuestros cuerpos es aprendida.

La buena noticia: que como todo lo aprendido, podemos empezar a cuestionarlo.

La cultura de la dieta puede determinar cómo nos relacionamos con nuestro cuerpo

Te darás cuenta de que en nuestra cultura se premian algunos cuerpos (qué guapa estás ahora que has adelgazado, mira qué barriga planita se me ha quedado…)  y se castigan otros (insultos, rechazo, miradas, insultos, comentarios, insultos…).

Y hay mucha gente sufriendo por ello.

Te lanzo algunas preguntas:

¿Te gusta tu cuerpo? 

Si pudieras pasar por quirófano sin tener que pagar y sin posoperatorio y sin las complicaciones que se pueden derivar de una operación, ¿modificarías alguna parte de tu cuerpo?


Si tuvieras una varita mágica, ¿cambiarías tu cuerpo o alguna parte de tu cuerpo?

¿Tienes fichada en tu cabeza la imagen  de tu cuerpo del momento de tu vida “en el  que más me ha gustado mi cuerpo” y fantaseas con volver a ese momento? 

Aunque ese “mejor momento” fuera cuando todavía eras adolescente, con tu cuerpito a medio desarrollar.

O aunque estuvieras en una época de deseada delgadez porque ese “mejor momento de mi cuerpo” coincidió (por decirlo de una manera) con una época emocionalmente chunga en la que perdiste peso de forma drástica debido al sufrimiento de una ruptura de pareja o de un momentazo de estrés.

¿Tú has elegido vivir en este sinvivir continuo?

¿Tú has decidido que vas a vivir con rechazo a esa parte de tu cuerpo?

Hemos ido asimilando las creencias  y normas en las que se basa la cultura de la dieta desde edades muy tempranas.

La cultura de la dieta está fusionada con nuestra cultura.

Es la cultura de nuestra familia cuando tu tía, sin que le preguntes absolutamente ni te apetezca escuchar su criterio, te dice: “ya te están creciendo las caderas”.

 Es la cultura de nuestros compis del cole, los que se creían con derecho a opinar sobre cada parte de nuestro cuerpo: “demasiado alta”, “teta que cabe en mano, no es teta, sino grano”, “demasiado flaco…”

 Es la cultura de los anuncios de la tele, los de que “lo natural es cuidarte” y aquí “cuidarte” es tener un cuerpo normativamente delgado porque ese es el cuerpo de la modelo de la publicidad. 

 Y es que, aparte de por repetición, nuestro cerebro también aprende por modelado, es decir, si nos enseñan un modelo al que hay que seguir y nos lo enseñan millones de veces, pues acabamos por seguirlo.

 La cultura de la dieta es la cultura de las revistas de moda, de la prensa del corazón, de algunas revistas de “salud y bienestar”…

Revistas en las que encontrarás los bikinis que mejor te van a sentar según tu tipo de cuerpo, las dietas milagro del verano, el remedio infalible antiestrías… 

 Es la cultura de las redes sociales… Uffffffffff… ¿Por dónde empezar con este temazo?

 La cultura de la dieta es nuestra cultura.

 La cultura de la dieta te dicta:

 Consigue ese cuerpo perfecto y serás feliz. 

Consigue ese cuerpo perfecto y podrás cumplir con la norma.

Consigue ese cuerpo perfecto y no sentirás exclusión nunca jamás. 

Consigue ese cuerpo perfecto y tendrás el éxito deseado.

Consigue ese cuerpo perfecto y todo el mundo te querrá.

 Estos mandatos y creencias casi inconscientes los podemos ver reflejados en comportamientos o situaciones que, como lo que hemos aprendido por repetición y modelado, hemos normalizado y cuestionamos muy poco, como por ejemplo:

Llega el verano: toca operación bikini.

Quiero adelgazar 2 kilos en una semana así que solo voy a comer ensalada.

 Con estas barritas energéticas ya me puedo saltar las dos comidas principales.

 A los 8 años me pusieron a régimen para hacer la Comunión.

 De pequeño era muy flaco y me llamaban “el tirillas”, de adolescente cogí peso y pasé a ser “hipopótamo”.

 Cuando fui al médico de adolescente porque tenía acné, me dijo que tenía que perder peso.

 No subas esa foto a tu Instagram porque se me ven las piernas demasiado gordas.

 Hazme otra foto que en esta se me marca la barriga.

 ¿Mis peores insultos? Cuando en el cole me llamaban “palo de escoba” o “tabla de planchar” porque siempre he sido muy delgada.

 Menos mal que se lleva la ropa ancha esta temporada porque no estoy para enseñar nada.

 Siempre he estado a disgusto con mi cuerpo. Siempre he creído que el cuerpo ideal es el de la Barbie o el de Naomi Campbell, el de Brad Pitt o el de mi amiga Carmen… (pero nunca el mío).

¿Tú has elegido ponerte bajo la dictadura de la dieta del conejo (hoja verde y zanahorias) todos los meses de mayo porque “ya casi es verano”?

¿Tú has decidido que pasarás el resto de tus días admirando otros cuerpos y peleándote con el tuyo?

 Pues eso.

La cultura de la dieta nos influye constantemente en nuestra vida cotidiana

Estas actitudes, creencias  y normas incuestionables de la cultura de la dieta nos afectan de forma profunda en el día a día.

Nos incitan a realizar ciertas conductas y comportamientos para poder conseguir el cuerpo que es deseable, nos animan a opinar alegremente (y muy tristemente también) sobre nuestro cuerpo y los otros cuerpos.

Sé que la comparación con otros cuerpos y la insatisfacción empieza desde bien temprano pero, créeme, hubo un momento en que sentías una profunda aceptación corporal sin juicios ni cuestionamientos.

Hace muchos años (excepto si eres una persona transgénero) tú estabas feliz y satisfecho con tu cuerpo porque te llevaba al cole, te traía, te permitía aprender a escribir, bañarte en la playa, pasear por el bosque, comerte el bocata, bailar, descansar…

Pero te fuiste empapando de mandatos, creencias y actitudes invalidantes de mierda.

Aprendiste a hacer un juicio valorativo de cada cuerpo y, principalmente, de tu propio cuerpo.

Así que al final somos nosotros mismos los que acabamos por premiar algunos cuerpos y castigar otros cuerpos.

Es natural. Es lo que hemos aprendido.

A menudo el cuerpo que más castigamos es el nuestro. ¿Qué te voy a contar?

Y no hay lugar a la negociación ni a opinar de forma diferente.

Quizá “cultura de la dieta” no es la mejor manera de nombrar a este conjunto de mandatos que nos hemos tragado sin masticar, además de las conductas, actitudes y comportamientos  que están asociados a estas creencias.

Quizá es más acertado utilizar la expresión “dictadura de la dieta”.

Una dictadura, por definición, reprime los derechos humanos y las libertades individuales.

Una dictadura nos enseña cómo debemos pensar, opinar y actuar. 

¿Te parece exagerado?

Escucha los mensajes que le das a tu cuerpo de forma diaria… ¿No suenan a dictadura?  Creo que no estoy exagerando…

Creo que es necesario un abordaje comunitario en este tema, un movimiento social, una contracultura.

A veces me veo atendiendo a personas en consulta que sufren mucho con la relación que tienen con su cuerpo.

A veces creo que es una forma de patologizar a una persona cuando lo que es patológico es lo que ha aprendido.

Por eso, con el objetivo de saber más y ser consciente, te animo a leer el siguiente artículo sobre qué nos enseña la cultura de la dieta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *