¿QUÉ NOS ENSEÑA LA CULTURA/DICTADURA DE LA DIETA?

La cultura de la dieta nos enseña que los cuerpos normativamente delgados son los únicos que son dignos.

La cultura o dictadura de la dieta nos enseña detallitos como los siguientes:

  • solo los cuerpos (normativamente) delgados son deseables y deseados.
  • solo los cuerpos (normativamente) delgados son válidos y valiosos.

Detallitos que dictan en gran medida la dirección de nuestra vida porque..

… rápida visita al diccionario:

Deseable: digno de ser deseado.

Deseado: aspirar, anhelar o ambicionar tener algo o que acontezca algún suceso.

O sea…

La dictadura de la dieta nos enseña que el cuerpo normativamente delgado es el cuerpo que queremos tener para sentirnos dignas de ser queridas y aceptadas y dignos de ser queridos y aceptados… 

Toma castaña.

… segunda rápida visita al diccionario:

Válido: aceptable según cierta norma o código.

Valioso: que tiene buena estimación, valía o poder.

O sea..

La dictadura de la dieta nos enseña que el cuerpo normativamente delgado es el cuerpo que es aceptable según la norma y, por ello, es el que merece ser querido y tenido cuenta.

Y aquí podría terminar este artículo.

Pero sigamos…

Ahora entiendes por qué  quieres tener ESE CUERPO  y HARÁS LO QUE SEA por conseguirlo, desde martirizarte durante todos los veranos de tu vida con la dieta del conejo (hoja verde y zanahorias forever) hasta pincharte líquidos anticelulíticos o pasarte una semana a barritas energéticas porque “de verdad, de verdad que me quitan el hambre”.

Porque llegados a este punto es importante entender que el cuerpo que quede fuera de la norma puede ser cuestionado y juzgado.

En una cultura que tiene sus leyes y reglamentos, lo que quede fuera de la norma puede llegar a ser ofendido, agredido e insultado.

En este punto, te animo leer el artículo sobre por qué obedecemos a la cultura de la dieta.

El mandato implícito es que si no estás dentro de la norma, estás fuera, y sufrirás por ello.

Además, no quiero dejar de lado que en la dictadura de la dieta las normas y creencias son rígidas e inflexibles.

Por eso escribo “normativamente” delgado… Y es que si te pasas de delgadez, también te puede caer el insulto o el castigo.

No me extraña que estemos invirtiendo una cantidad importante de tiempo, dinero y esfuerzo en alcanzar ese estándar de belleza ideal e irreal: “comida” baja en azúcares y grasas, productos adelgazantes, dietas milagrosas, la paga del mes en gimnasia con electroestimulación, aparatitos anticelulíticos, pequeñas operaciones estéticas “sin importancia”…

¿Te estás preguntando quién gana con todo esto de la cultura de la dieta?

Nosotras no, desde luego.

Nosotras perdemos autoestima, tiempo y dinero. También la dignidad y el amor propio se nos quedan  por el camino en la persecución del cuerpo ideal.

Nosotras tenemos la creencia impuesta de que creemos que tener este cuerpo ideal nos proporcionará la aceptación incondicional del resto de personas.

Con todo lo que la anhelada aceptación incondicional implica: me querrán, me aceptarán, me dirán lo que quiero escuchar (estás mejor que nunca, wooowwwww, qué pibón…), jamás estaré sola, las chicas me harán caso a mí y no a mi amigo como siempre…

Y, como contrapartida, no tener un cuerpo perfecto nos aporta los sentimientos incómodos de fracaso, rechazo y exclusión.

Un detallito muy importante es que apartarte del canon y del ideal de belleza te puede convertir en víctima de violencia estética. 

¿Que qué es la violencia estética?

Los comentarios de odio y rechazo que reciben millones de mujeres (hombres también, pero más mujeres) en las redes y fuera de las redes porque su exponen un físico, el suyo, que no cumple con el canon de belleza.

Esto de «estar fuera del canon de belleza» puede ocurrir por la forma de su cuerpo, por su peso, por su decisión de no depilarse o por tener la cabeza rapada…

Cualquier excusa es buena para descargar la rabia.

Y, de entrada, tú no quieres violencia estética en tu vida, ¿no?

Lo que quieres es encajar.

Y si encajar supone perseguir el ideal de delgadez y llevar a cabo las conductas que sea para conseguirlo, pues ya estoy en ello. ¡Decidme qué hay que hacer!

Esto es algo que vemos claramente en la adolescencia. Cuando yo era adolescente, en los años noventa, estaba de moda hacer el “sirope de savia” para adelgazar. 

El término “diversidad corporal” no existía. Nadie nos había dicho: “hay tantos cuerpos como personas y todos son funcionales y maravillosos.

Nadie nos había dicho:

«Cultiva unos buenos hábitos y sé feliz con tu cuerpecito que, además de ser tu casa, te sirve para hacer todo lo que te gusta”.

En los años noventa, la defensa y discurso de la diversidad corporal era un unicornio alado todavía en estado de gestación.

Mis amigas y yo solo conocíamos un cuerpo: el cuerpo ideal y perfecto.

O, bueno, quizá dos cuerpos.

El de las modelos de Mango. El de Pamela Anderson.

Nunca el nuestro.

Como para conseguir el cuerpo de Pamela teníamos que pasar por quirófano y todavía no se habían normalizado las operaciones estéticas en la adolescencia,  nos decidíamos por el de las modelos de Mango.

Todas queríamos ser la modelo de Mango, todas queríamos presumir de esa delgadez tibia y elegante.

Así que nos pasábamos diez días (las «más valientes» quince días o más…) bebiendo un líquido asquerosamente pegajoso sin llevar alimento sólido a la boca.

Si nos preguntaban, decíamos que hacíamos el sirope de savia como una “limpieza” del organismo.

Nos engañábamos, claro, lo hacíamos para adelgazar, para que nos dijeran lo guapas que estábamos con esos kilos de menos…

Lo hacíamos para encajar. Lo hacíamos para que nos quisieran.

Porque si ganábamos la batalla, de verdad que lográbamos el elogio y la felicitación. Y además, conseguíamos dominar el hambre durante esos 10 días.

Porque eso era una batalla.

Batalla en la que estaba el hambre en un bando y nosotras en el otro bando.

Y cuando nosotras ganábamos,  nos sentíamos poderosas.

“Dominar el hambre” nos hacía tener la sensación de control.

Ahora me doy cuenta de cómo de peligroso era aquello

De hecho, el mecanismo de control es uno de los mecanismos de mantenimiento más estudiados en los Trastornos de la Conducta Alimentaria.

Y es que llega un momento del trastorno en que la persona deja de perseguir el objetivo del cuerpo ideal y se engancha al sentimiento de éxito que viene asociado a la sensación de tener el control sobre algo tan complicado como es el hambre.

Y esto mantiene el TCA.

En nuestro caso, los aplausos en los pasillos del instituto y el enaltecimiento de nuestra lánguida belleza duraba bien poco.

En pocas semanas volvían los kilos perdidos. Y regresaban acompañados de algunos coleguis más, todos juntos formaban la panda del “efecto rebote”.

¿Por qué nos metíamos en el rollo del sirope?

Porque pertenecer es lo importante en la adolescencia y tener el cuerpo normativo es garantía de éxito, de ser popular, querido y aceptada.

Y se hará lo que sea necesario para ello… Y si me desmayo en la clase de educación física diré que “es por el calor”.

Y si el sábado durante la cena con los amigos no pido pizza ni hamburguesa y solo pido una botellita de agua diré que es “porque me duele la barriga, serán los nervios de los exámenes”.

En fin…

Ni yo ni mis amigas habíamos elegido eso.

Pero sé que todo eso ya estaba condicionando nuestra relación con la comida y con nuestro cuerpo.

Por suerte, hemos tomado conciencia de todo ello y ahora vemos las fotos, estábamos muy delgadas, sí, nuestro cuerpo se parecía más que nunca al de las modelos de Mango pero… 

Yo ahora veo esas fotos y siento pena y compasión por esa adolescente que deseaba sentirse querida a través de una transformación imposible e insostenible de su cuerpo.

Cuánta inseguridad y cuánta falta de autoestima quedaba sumergida bajo los litros de sirope de salvia.

Cuánto odio y maltrato hacia nuestro maravilloso cuerpo tan joven.

Qué poco respeto por nuestra salud.

La cultura de la dieta nos enseña que parte de tu vida debe girar en torno a conseguir el cuerpo perfecto porque si tienes ese cuerpo, conseguirás lo que quieras.

La dictadura de la dieta también nos enseña:

  • que los alimentos tienen valores morales, clasificándolos en “buenos” o “malos”.

Esta creencia está en la base de nuestra relación poco saludable con la comida. He conocido a personas que llevaban años sin problar su fruta favorita, el plátano, porque hubo una moda ridícula y desinformada apoyada por la cultura de la dieta que defendía que “el plátano engorda”.

  • que los «alimentos adecuados» son los que te servirán para acercarte o alejarte del objetivo de tener un cuerpo normativamente perfecto

Esta creencia, por cierto,  provocará que instrumentalicemos la comida y nos alejemos del ciclo hambre-saciedad que de forma natural experimenta nuestro organismo. Esto influye, a su vez, en que paulatinamente te alejes de la conexión con tus necesidades básicas como comer pizza con tus amigas (la salud social es salud) o ir al baño de forma orgánica.

  • que te tienes que preocupar por hacer ejercicio y llevar a cabo otras muchas conductas como “compensar” o ayunar para acercarte al objetivo de tener un cuerpo normativo

Aparte de maltratarnos dejando de comer un día porque la noche anterior hemos cenado hamburguesa, acabamos por instrumentalizar el ejercicio y lo hacemos por estética, no tanto por salud. A la larga, esto influye en la motivación a la hora de ponerte a entrenar y ahí es cuando empiezas a procrastinar, a dejar el gimnasio de lado… y catapúm chimpún: más motivos para maltratarte.

  • que delgadez normativa es igual a salud y todo lo demás es enfermedad.

Realmente se sabe que alguien delgado no tiene por qué tener un buen estado de salud ni alguien con sobrepeso o “demasiado delgado” según lo estipulado en las Sagradas Escrituras de la Cultura de la Dieta no tiene por qué padecer ninguna enfermedad. Lo leemos y no lo creemos porque nos han comido mucho la cabeza, pero busca información por ahí.

  • que hacer dieta es lo que hay que hacer si quieres tener el cuerpo ideal y que si no la haces y adelgazas, es porque no quieres.

Es debido a esta creencia que el resto de la humanidad nos creemos con todo el derecho de juzgar tu cuerpo…

Porque “querer es poder” y todas esas chorrada que nos venden esas corrientes de “psicología” con exceso de empalagoso optimismo naif (sí sí, la que también pone frasecitas en las tazas).

Estas creencias y comentarios de mierda te dicen que si no lo haces es porque no te da la gana y si estás con sobrepeso es porque así lo eliges.

Y de ahí una tremenda sensación de vergüenza y culpabilidad que está en la base del sufrimiento de muchas personas que carecen del cuerpo normativo.

  • que el hecho de tener ciertos cuerpos está asociado a ciertas características personales y de carácter, es decir, que una persona es de una u otra manera según el cuerpo que tiene. 

Si tienes un cuerpo normativo te juzgarán como persona inteligente, voluntariosa y apañada porque hemos visto muchas pelis.

Si tienes un cuerpo grande es porque no tienes fuerza de voluntad y te falta perseverancia, es decir, eres perezoso y autoindulgente… porque hemos visto muchas pelis. 

Ahí tienes tu sentencia de muerte: juzgado por tu físico a más no poder.

En esto de cómo las pelis, series etc. han influido en el imaginario popular a la hora de asociar características a un cuerpo  profundizaremos en breve porque tiene mandanga la cosa…

Y ya te puedes buscar la manera de acomodar todos los puntos anteriores a tu vida porque esos puntos son rígidos e inflexibles y no se van a adaptar a ti.

Es lo que tienen las dictaduras.

La cultura de la dieta nos enseña que, aunque cada vez está afectando a más hombres, la preocupación constante por el cuerpo es “cosa de mujeres”

Verás que estoy hablando, aunque vaya poniendo algún ejemplo referido a los hombres, del caso de las mujeres. Claro.

La denuncia de la dictadura de la dieta es un discurso, en esencia, feminista. Claro.

Si eres hombre, estás leyendo esto y piensas: “eso también me pasa a mí”, pues me alegro de que te des cuenta de que trabajando para la igualdad ganamos todos. Clarísimo.

La dictadura de la dieta se ha cebado históricamente con los cuerpos de las mujeres (pregúntale a la Wikipedia acerca de los efectos del corsé, prenda ideada por Satanás que viene estando de moda intermitentemente desde el siglo XV), pero también está salpicando a los hombres

La cultura de la dieta es un monstruo grande que cuanto más abarque, mejor para él. 

En este artículo explicamos quién sale ganando con esto de la dictadura de la dieta pero ya te adelanto que los protagonistas de la historia, como no, son los dólares.

Pero, vamos, que sí, que lo nuestro, lo de las mujeres, es histórico.

Llevamos décadas de matraca continua: 

que si el culo de la niña es demasiado grande, que si no vas a encontrar ropa de tu talla, que si mira qué delgada tu prima, que si así tan flaca nadie te va a querer, que si el culo de la niña es un montón de huesos, que si estos pantalones que están de moda no me sientan bien, que si mira qué tetas te han salido, que si después de dar de mamar te vas a quedar con muy pocas tetas porque eso va en la familia, que si llega el verano y qué miedo probarme el bañador, que si come esto para estar en forma, que si el body este me aprieta el chichi pero es lo que hay porque está de moda, que si ponte esta crema para la celulitis aunque te queme la piel, para presumir hay que sufrir, que si ahora haz gimnasia con electrodos conectados a tu cuerpecito y verás qué resultados, que si querer es poder…

Entre mis amigas corría el bulo de que si comías la piel del pollo, te crecían las tetas.

Lo escribo y alucino.

Yo, que tenía unas tetas “demasiado grandes” para el gusto de las Sagradas Escrituras de la Cultura de la Dieta y el Cuerpo Normativo de los Noventa y recibía comentarios de mierda por ello, dejaba la piel del pollo a l’ast de lado.

La piel tostadita y crujiente. Me encantaba pero me aguantaba las ganas.

Se la daba a mi amiga: sus tetas eran “demasiado pequeñas”. 

Lo escribo y alucino.

Es cierto que para los hombres también es difícil porque la dictadura de la dieta dispara sus mandatos hacia todos los cuerpos. 

Cuanta más autoestima pierdes tú, seas hombre o mujer, más dólares ganan las industrias maquinadoras de la belleza normativa y de insatisfacción crónica.

No hay duda de que para los hombres también hay un cuerpo normativo establecido y muchos de vosotros sufrís (sé que sufrís) porque no tenéis la tableta de abdominales perfecta ni los bíceps soñados. 

O porque tienes las piernas demasiado delgadas o  porque, ¿a dónde voy a ir este verano con esta barriga?

No es ironía ni es broma.

Se sufre mucho por no tener el cuerpo que está establecido como “el cuerpo perfecto” porque sabes que las personas de tu alrededor se van a fijar en si tienes bíceps o no y en cuántos abdominales te asoman.

Si tienes ese cuerpo, te felicitarán.

Si no tienes ese cuerpo, te sentirás juzgado.

Porque esa persona también eres tú: la que felicita y la que juzga.

Y digo yo… Te propongo dos cosillas:

¿Puedes dejar un solo día de elogiar a una persona por su cuerpo y aplaudir su forma de expresarse o contarle que admiras su modo de estar en la vida o que te alucina el brillo en su mirada?

¿Puedes dejar un solo día de opinar o juzgar (para “bien” o para “mal”) internamente el cuerpo de esa persona del gimnasio que hace pesas a tu lado para simplemente concentrarte en tararear tu canción favorita y agradecerle a tu cuerpo que te permite estar viva?

Disculpa tanta letra en negrita pero es que lo que te acabo de proponer es importante.

Te acabo de proponer dos ejercicios sanadores y reparadores.

No son fáciles. Lo sé. Hasta tal punto estamos captados por la dictadura de la dieta…

Ahí lo dejo.

Retomando el tema de la insatisfacción corporal según el género…

El aprendizaje de que has de estar insatisfecho con tu cuerpo es igual de injusto para hombres que para mujeres. Eso está claro.

Pero también está claro que estos mandatos han afectado de forma más profunda el imaginario de las mujeres y, con ello, nuestros objetivos en la vida, nuestras metas y propósitos.

Nuestro sentido de agencia.

Nuestra identidad.

Estas creencias han influido profundamente en la forma en que las mujeres nos hemos definido y comportado durante mucho tiempo.

Además, en el caso de las mujeres, el cuerpo normativo que se nos presenta como ideal, deseado, deseable, válido y valioso, viene como la Barbie, con complementos

Y es que a las mujeres, pocas veces se nos ha dicho: 

MUJER: Haz músculo. Sé fuerte. Aprende a defenderte. Sé autónoma e independiente. Sálvate a ti misma.

Por el contrario, se nos ha dicho de forma machaconamente sutil e implícita:

MUJER: Sé delgada. Sé delgada, fina y elegante. Ocupa poco espacio. Estar indefensa y desvalida está bien. Busca y encontrarás a alguien más fuerte que te pueda salvar.

¿Cómo podrías salvarte de una agresión cuando tienes un corsé estrangulando tus órganos lenta y constantemente? ¿Te imagines devolver el golpe o echar a correr en esas condiciones?

¿Parece una tontería? 

No lo es.

La dictadura de la dieta enseña a las mujeres a no ocupar espacioy dejar que otros nos defiendan. Nos anima a caer en la indefensión y en la validación externa …

La dictadura de la dieta nos anima a abdicar de nuestro poder. A entregar nuestro poder.

¡Pero los tiempos han cambiado! Me dirás.

¡Ja! Te contestaré.

A mí también me gustaría echar la vista hacia otro lado, pensar que lo malo ya pasó y que estamos a salvo.

Me gustaría hacer eso porque el batalleo continuo es muy cansado.

Pero mira, en 2019 Mango nos hizo una favor a las mujeres y eligió a modelos de 40 años para el lanzamiento de una campaña.

Mango quería unirse al activismo social que está tan de moda y denunciar lo del edadismo y tal…

¿Las ves?

Mira las fotos. Mira la última foto.

¿Te da la impresión de que estas mujeres tengan un cuerpo saludable? ¿Crees que podrían defenderse en una situación amenazante? ¿Es este el cuerpo con el que una mujer de 40 años se siente identificada?

¿¿¿¿¿¿¿Nos estáis tomando el pelo????????

Lo digo en inglés que mola más:

Are you fucking kidding meeeeeeeeeeeee?????????

¡Venga ya!

A los hombres sí que se les ha animado a hacer músculo, a ser fuertes para poder defenderse.

Para poder salvar a la princesa delgadita en apuros, aunque la princesa tenga 40 años.

¡Qué pereza  y qué cansancio todo el día rescatando doncellas en apuros!

Porque, vamos a ver, hombre: ¿tú realmente eliges ir por el mundo dedicándote a salvar a damiselas y a rescatarlas de las fauces de seres malvados?

¡Claro que no!

Qué agotamiento solo de escribirlo.

Seguramente, hombre, no quieres eso tampoco. Es precioso entender que con la igualdad ganamos todos.

Seguramente, hombre, quieres a una mujer poderosa a tu lado para poder llevar los retos de la vida a pachas.

Lo miremos por donde lo miremos, estos mandatos rígidos de cómo tienen que ser las cosas nos dificultan la vida a todos.

Es cierto que poco a poco esto va cambiando porque, válgame el manido lenguaje universal de Disney, van apareciendo en la pantalla mujeres valientes y empoderadas: Mulán, Moana, Mérida, el intento de la Sirenita…

Mujeres empoderadas, fuertes e independientes.

Todas delgadísimas y normativamente remonísimas… 

En fin… Que esto no se acaba…

¿Has visto cómo la dictadura de la dieta nos enseña muchas cosas?

Tantas que este tema tiene una segunda parte. Pincha para leer el siguiente artículo: ¿Qué nos enseña la cultura de la dieta? Parte II  y, por favor, llega hasta el final, hasta la conclusión sobre qué es lo que hemos aprendido hasta ahora y qué podemos hacer con todo ello.

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