por qué obedecemos cultura de la dieta

¿POR QUÉ OBEDECEMOS A LA DICTADURA DE LA DIETA?

¿POR QUÉ OBEDECEMOS A LA DICTADURA DE LA DIETA

En este artículo voy a defender como buenamente pueda por qué obedecemos a la dictadura de la dieta, por qué aceptamos sin rechistar lo que nos enseña la cultura de la dieta.

Para entender este sometimiento, hemos de conocer el proceso de socialización que vivimos todos los humanos, por un lado, y, por otro lado, nuestra motivación básica de pertenencia al grupo.

Somos seres innegociablemente sociales

Empezaremos por nombrar el hecho incuestionable de que todos los seres humanos vivimos en sociedad, ya sea en la Fifth Avenue o en el Meadero de la Reina.

Casi que innegociable y un poco agobiante, sí. 

Siempre te puedes hacer un “Into the wild” (buena peli y mejor banda sonora), es decir, pirarte,  irte a vivir a una furgoneta abandonada en un remoto monte de Alaska con tu guitarra (a menudo me dan muchas ganas) y cantar como Eddie Vedder “Society, you’re a crazy breed/ I hope you are’not lonely without me…”.

Puedes desaparecer y disfrutar de la ausencia de normas, del viento fresco de la libertad acariciando tus mejillas…

Eso sí, si te vas solo como lo hizo Alexander Supertramp (el prota de “Into the wild”), te levantas un día, te suenas las estalactitas de la nariz, te comes unas bayas venenosas de desayuno y te mueres. 

Esta película está basada en un hecho real. Encontraron el cuerpo de este excursionista estadounidense de 24 años a las dos semanas de su muerte. Pesaba 30 kilos.

Si Alexander se hubiera ido con su primo, quizá hubiera sobrevivido.

 Entonces, al grano,  lo que aquí es importante que entendamos es que la mayoría de mortales vivimos en sociedad porque esto nos ayuda en la dura tarea de llegar con vida al final de cada día.

Aprendemos a ser seres sociales

Pues bien, para llegar a ser seres sociales atravesamos un proceso de socialización mediante el cual el individuo integra los elementos socioculturales de su ambiente a su personalidad.

Aquí es preciso aclarar qué es la personalidad.

Explicación sencilla: venimos a este mundo con un temperamento, vamos desarrollando nuestro carácter mediante el aprendizaje y la adaptación al medio y la personalidad está formada precisamente por el conjunto de temperamento y carácter.

Está claro que dónde, cómo y con quién vivimos y aprendemos las cosillas cotidianas afecta de forma relevante al desarrollo de nuestra personalidad y a nuestro proceso de socialización.

La socialización es un proceso de aprendizaje casi inconsciente que tiene como objetivo adaptarnos los unos a los otros en un contexto dado y convivir en paz y armonía. 

Parte de este proceso de aprendizaje se da de forma implícita y procedimental, sin gastar muchos recursos mentales de los que disponemos para pasar la jornada porque asimilamos las “lecciones del día a día” mediante la observación del medio y del modelo que nos ofrecen las personas y situaciones de nuestro alrededor.

El rollazo que te acabo de contar se resume en que muchas veces no somos conscientes de lo que estamos aprendiendo pero lo estamos aprendiendo.

Luego, lo aprendido queda almacenado en nuestro cerebrín y, a partir de lo aprendido, nos movemos por el mundo.

¿Repito mucho el verbo “aprender”?

Sí. Porque es lo que, como humanos, hacemos todo el tiempo. Puedes leer, ya que estamos, la segunda parte del artículo sobre qué nos enseña la cultura de la dieta para hacerte una idea de lo que ya has aprendido.

Hasta aquí quedaría claro que la capacidad de aprender que tenemos los seres humanos estaría en la base del proceso de socialización.

Proceso de socialización for dummies

Émile Durkheim (1858 – 1917), uno de los padres de la sociología moderna, propone tres estadios en el proceso de socialización.

(Nota: las madres de la sociología moderna estaban ocupadas limpiando culos de bebés y cocinando, entre otras tareas, por eso no se podían sentar a pensar ni a escribir teorías para que se citaran sus logros y reflexiones un siglo después…)

En fin…

Resumiendo de forma muy cutre la teoría de Durkheim, parece ser que la fase de socialización primaria se da en la niñez y en el núcleo familiar, la secundaria se da en las interacciones y experiencias en el cole y con amigos y la terciaria ya se da en la vida adulta según las presiones socioeconómicas, socioculturales y  sociopolíticas.

¡Ajá! Acaba de aparecer la palabra “presión”.

No todo es tan bonito en la vida en grupo. Donde hay grupo, hay conflicto.

Eso es así.

Porque no todos los individuos estarán de acuerdo con las normas del grupo ni las cumplirán.

Porque algunos individuos tendrán actitudes y decidirán llevar a cabo comportamientos que atenten contra lo que para el grupo es reglamentario y normativo.

Alexander Supertramp es un ejemplo de disidente ya que decidió obedecer a su necesidad de autonomía y libertad. Decidió vivir a su aire. Y, por tanto, decidió morir a su aire.

¿Cómo combinar nuestras necesidades de individualidad y colectividad y poder vivir en paz? 

Un gran debate en el que no vamos a entrar porque no tengo ni idea de la respuesta.

Vivir en sociedad tiene sus pros y sus contras

Suena lógico que si no existiese el proceso de socialización, sería muy complicada la supervivencia. El hecho de ser “seres sociales” significa que hemos llegado hasta aquí gracias a capacidades mamíferas como las de cooperación, colaboración, competición…

Adaptarnos al grupo y aceptar sus normas es esencial para nuestro bienestar y nuestra integridad física y mental.

Sin embargo, ya hemos comentado que, como en el caso de Alexander Supertramp,  esta aceptación y adaptación a lo comunitario no siempre se da. 

A veces las normas dadas por el contexto chocan con nuestras necesidades individuales y la cosa se complica. 

O las necesidades de un subgrupo chocan contra las de otro grupo y alguien decide poner una bomba…

Ya sabes todo lo que puede llegar a ocurrir entre seres humanos. Desde riñas vecinales porque el del tercero A no cierra el portal del edificio y, además, le gotea la bolsa de basura, hasta guerras mundiales porque un iluminado con bigotillo tiene el caprichito de ser el rey del mundo.

Lo que aquí es muy relevante es que entendamos que en en el  contexto normativo donde hay reglas estipuladas es justamente donde también tiene lugar la coerción. 

Porque las normas sociales reprimen todo acto que las ofenda (no lo digo yo, que soy una pringadilla, lo dicen los padres e hijos de la sociología moderna)

Por eso, y esto es muy importante que lo reflexionamos y lo comprendamos: si yo no actúo como se manda (“como dios manda” en idioma cuñao), lo que voy a recibir a cambio será muy parecido a un castigo.

De hecho, sinónimos de “coerción” son represión, inhibición, restricción…

Y nadie quiere esos sinónimos en su vida.

La regla es rígida: Si no estás en el grupo, estás fuera

Con esto podemos entender que para que yo pueda sobrevivir y funcionar de forma adecuada y funcional en mi día a día he de sentirme adaptada e integrada a mi medio social y cultural, además de aceptada por las personas que me rodean.

Tenemos las razones biológicas y sociales: está en juego nuestra supervivencia.

 Queda claro que una de las motivaciones básicas para la supervivencia del ser humano es la de pertenencia al grupo.

Necesitamos desesperadamente pertenecer a un grupo o al otro, al que está a favor o al que está en contra, a la derecha o a la izquierda, al norte o al sur,  al que se somete o al que se rebela.

Pero necesitamos tanto “pertenecer” como beber agua, por eso en psicología se le llama “motivación básica”.

La comunidad también es importante porque este sentido de pertenencia crea nuestra identidad grupal, que forma parte de nuestro concepto. Y es que una parte de mí se define según el grupo o grupos a los que pertenece.

 En resumen, estamos diseñados para vivir de forma comunitaria.

 Por eso necesito sentirme querida y aceptada.

¿Cómo voy a vivir en grupo sin sentirme querida y aceptada?

 Nadie quiere ser la “rara” del Meadero de la Reina.

 Ser el “raro” del pueblo significa morirse solo.

Y nadie quiere morirse solo.

De hecho, esto de “morirme solo” es algo que aparece a menudo en consulta cuando llegamos a la raíz del miedo.

Cuando en la peli de “Into the wild”  aparecieron las palabras “THE END”, muchos pensamos “Si Alexander no se hubiera ido solo, no se hubiera muerto. Al final, muy listo no era”.

El miedo a la soledad es un mecanismo evolutivo: nos permite subsistir.

Como ya hemos dicho, la necesidad de pertenencia ha sido una máxima en el ser humano desde el principio de los tiempos.

Quien se quedaba fuera, moría. Es decir, la supervivencia dependía de la aceptación del grupo.

Yo creo que eso ha quedado clarísimo.

Si no cumples las normas, puedes recibir castigos y presiones varias

Y ahora vamos al lío.

Es por todo esto que el jueguecito que se trae la dictadura de la dieta con el cuerpo normativo y el canon es tan peligroso.

Porque si un cuerpo no cumple con la norma, con el canon, está en peligro de, además de sentirse excluido, recibir castigos y sanciones.

Porque, como hemos dicho, las normas sociales reprimirán todo acto que las ofenda. 

Si yo no tengo el cuerpo que dictan las normas, los otros tienen el derecho implícito de castigarme por ello. Pueden opinar y meterse con mi cuerpo, hacer comentarios graciosos y no tan graciosos, decirme cosas que “son por mi bien” o insultarme por la calle.

Si no me adapto a los estándares de belleza impuestos por la cultura en la que vivimos, la violencia estética está justificada.

Si no te depilas, tienen el derecho de meterse contigo.

Si envejeces de forma natural y pública, tienen el derecho de meterse contigo.

Julia Roberts, por ejemplo, está intentando esto del “envejecimiento natural”. Está yendo en contra del mandato y está sufriendo las consecuencias.

Porque en el proceso de socialización hemos aprendido que depilarnos y hacer todo lo posible para que no parezca que envejecemos, es la norma del grupo.

Y si no cumples la norma, recibirás un castigo.

Ojito.

Más a menudo de lo que nos gustaría, nosotras mismas somos la víctima y el verdugo al mismo tiempo porque nos convertimos en las peores juezas de nuestro propio cuerpo.

¿Por qué yo soy quien castiga y sanciona mi cuerpo de la forma más brutal?

Pues porque, como decimos, la aceptación social es muy importante para nosotros y hemos aprendido en el proceso de socialización que tener el cuerpo ideal nos ayudará a sentirnos incluidas y queridas (también incluidos y queridos, claro).

Así que si mi cuerpo no es el normativo y no me permite satisfacer la necesidad básica de pertenecer al grupo, tengo todo el derecho a meterme con él, a insultarlo, a odiarlo, a maltratarlo.

¿Puedo sobrevivir con ello? Sí, claro. 

Ya no vivimos en cuevas.

Estamos en el siglo XXI (lo he tenido que Googlear porque he dudado al teclear este dato cronológico…) y de la plena aceptación del grupo no depende literalmente mi supervivencia pero la información del “cómo debería ser para sentirme totalmente aceptada” siempre está implícita y latente.

La conclusión a la que fácilmente llega mi tremenda mente humana es: “si no soy como la norma exige, soy menos que los demás”.

Podemos sobrevivir con este malestar, claro, pero siempre con un rumor de fondo…

Desde que empezaste tu primera dieta o desde que te empezaron a hacer comentarios sobre tus primeros pelos en las piernas o en el bigote.

Puedes sobrevivir con el sentimiento de insatisfacción crónica hacia tu cuerpo.

Claro que puedes.

No es cuestión de vida o muerte.

Puedes sobrevivir con un sentimiento de baja intensidad pero de forma continuada, una especie de tortura suave y constante.

Porque llegará el verano y me entrará la rabia y la tristeza de no poder ponerme el bikini que quiero ponerme.

Y me sentiré menos que la chica de mi lado, que sí que lo lleva y le queda de muerte.

Porque llegará Navidad y devoraré el Suchard con culpabilidad y algo de vergüenza, justificándome con que “bueno, es Navidad, en enero ya compensaré y solo comeré ensaladas”.

Siempre justificándome por no tener la cintura normativa o por haber cenado pizza.

Y todo esto tú no lo habrás elegido. Lo ha elegido la norma, el canon del cuerpo que “hay que tener para que los otros no se metan contigo”.

Porque la dictadura de la dieta te enseña que si no tienes ese cuerpo es porque no quieres.

Para pertenecer al grupo de cuerpos perfectos, solo tienes que seguir las normas. Si no estás en el grupo, es porque no quieres.

La dictadura de la dieta nos instruye en que si realmente quisieras tener ese cuerpo, lo tendrías, porque existe el ayuno, y las dietas milagro, un nuevo tipo de entrenamiento super eficaz porque el tuyo no te está modelando el cuerpo como quieres, los aparatos anticelulíticos, los productos zero y dietéticos

La cultura de la dieta te enseña que si no tienes el cuerpo de Heidi Klum y lo enseñas orgullosa (y «presumes a tus 40 años de una figura envidiable», como dice el artículo) es porque no quieres invertir ese dinero, ese esfuerzo, esa energía. Eres, entonces, una persona perezosa y dejada…

¿Te suena lo que acabas de leer a las voces que pasan por tu cabeza todos los meses de mayo justo antes de la operación bikini?

En este artículo de la revista Diez Minutos tienes 5 reglas que Cuca Miquel, experta en belleza (!!!!), te da en el mes de febrero porque, cito a Cuca: 

“Si quieres lucir un cuerpo tonificado, terso, y con la celulitis a raya este verano, debes comenzar la operación bikini ahora que aún hace frío. El frío parece que desmotiva a cuidarse el cuerpo porque lo llevas tapado pero el tiempo pasa rápido y cuando quieras darte cuenta ya estás en primavera y seguro que ya tienes previstas salidas en Semana Santa o el puente de mayo por lo que es ahora cuando debes empezar a hacerte tratamientos estéticos eficaces para que, en 12 semanas, puedas lucir en bikini el cuerpo que deseas”.

(«el cuerpo que deseas, «el cuerpo que deseas», «el cuerpo que deseas»… ¿No se te quedan estas palabras haciendo eco en tu cerebro?)

Las negritas que dicen “debes comenzar la operación bikini ahora que aún hace frío” están marcadas en el artículo original. Además, en el último párrafo podrás leer que según Cuca:

“Aunque haga frío recuerda que el frío se irá en un abrir y cerrar de ojos y entonces llegará el momento de ponerte el bikini para poder disfrutar de un verano en las mejores condiciones físicas posibles”.

Os juro que lo leo y me agobio.

La conclusión es que empezar la f****** operación bikini en febrero, es una buena idea.

Ya ni se cuestiona que la «operación bikini»  sea una opción. Se da por sentado que eso existe y se cumple. 

¿Y lo de que «el frío parece que desmotiva a cuidarse el cuerpo porque lo llevas tapado»?

Claro. Es que como mi cuerpo está hecho para que lo admiren los otros, si es el momento de llevo tapado, me da igual cómo esté…

Por cierto, Cuca también te puede hacer un «diagnóstico del estado de tu belleza online» (aunque me temo que a lo que Cuca se refiere es a un diagnóstico de “falta de belleza”).

En fin…

En el mismo artículo encontrarás cuatro links. Tres de ellos son:

  • Las dietas de las famosas: descubre qué comen todas ellas.
  • Los entrenamientos deportivos de las famosas españolas.
  • Los parches faciales antiarrugas más baratos y efectivos.

Mensaje: tener el cuerpo perfecto está al alcance de todas y si no lo tienes, es porque no quieres.

Este adiestramiento va gestándose durante años hasta que, finalmente, de forma casi inconsciente, hace mella en nuestra relación con la comida, en la relación con nuestro cuerpo y con nosotras mismas. 

También afecta a nuestra autoestima y autoconcepto.

Porque la realidad es que hay una alta posibilidad de que no consigas «el cuerpo que deseas».

Porque si tienes 40 años, «el cuerpo que deseas» (o que te obligarán a desear) será el de Heidi Klum.

Y si tienes 20, «el cuerpo que deseas» será el de la chica cantante o modelo delgadita de turno.

Y si tienes 60, será el de Elle MacPherson.

Por cierto, siempre he querido saber qué opina Elle de que su apodo desde hace un montón de décadas sea «El Cuerpo». 

¿Cuánta presión, Elle?

¿Cuánta? 

¿Te acuerdas de lo que nos enseñaba la cultura de la dieta en cuanto  a que nos tenemos que mantener delgadas independientemente del momento de nuestra vida, edad, estado emocional…?

Son los mandatos y normas que nos empujan a desear fervientemente tener un cuerpo que es inalcanzable e irreal.

Y como es inalcanzable e irreal, será un deseo que no se verá satisfecho.

Por supuesto, tanta insatisfacción nos deja con la sensación (y a veces con la certeza) de no ser lo suficiente.

Una sociedad insatisfecha, es una sociedad que compra para tapar esa incomodidad.

Compra productos light y zero, anticelulíticos, maquinitas, extensiones para el pelo, blanqueamientos anales…

Tanta insatisfacción te deja con la sensación de que si no te ocurren cosas buenas, es porque no te lo mereces.

Porque no haces lo suficiente para ser mejor (o para tener un cuerpo “mejor”).

¿Verdad que alguna vez has dejado de acercarte a alguien que te atrae porque no tienes el cuerpo que te gustaría tener?

¿Has dejado pasar alguna actividad que te llamaba la atención porque implicaba exponer tu cuerpo a que los demás le hicieran un juicio?

La coerción es, según la RAE, la presión ejercida sobre alguien para forzar su voluntad o su conducta.

¿Lo sientes? 

¿Sientes la presión que fuerza tu voluntad y tu conducta?

Peligrosillo, ¿no?

¿Por qué las mujeres obedecemos en mayor medida a la dictadura de la dieta?

¿Y las mujeres?

Pues te repito la pregunta:

¿Sientes la presión que fuerza tu voluntad y tu conducta?

¿Sientes la coerción en aquella parte de tu cuerpo que no te gusta?

¿Sientes el deseo de querer cambiarla mediante cremas, maquinitas de remodelación, maquillaje para disimular…?

No me voy a esforzar en este apartado porque es fácilmente resumible.

El mensaje de los artículos de la revista “Men’s Health” no es tan brutalmente coercitivo.

En esta revista, pasan de la “operación bikini” a la “operación cachas”.

Entiendo que la presión por el cuerpo perfecto también es mucha en los hombres e igual de injusta.

Pero la operación cachas no os deja con amenorrea, débiles y anémicas como nos puede dejar a nosotras la operación bikini.

En la operación cachas el mandato es:

HOMBRE: Haz músculo. 

Para las mujeres la coerción es más antigua, más fuerte, más invasiva y por eso tiene más impacto físico y psicológico en nuestra vida cotidiana.

Nos han adiestrado para vivir a disgusto con nuestro cuerpo, a desear otro cuerpo que no es el nuestro. 

Nos han condenado a la insatisfacción crónica. 

Toma conciencia:

Nos han enseñado a odiarnos.

Y ahora que estás convencida de que con todo esto tú sales perdiendo, ¿te apetece saber quién sale ganando con la cultura de la dieta?

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