VIVIR SIN MIEDO
¿Cómo vivir sin miedo?
No podemos vivir sin miedo.
Como ya vimos en el artículo de Educación Emocional: la asignatura que nos faltó en el cole y en los artículos anteriores de este blog donde se explica para qué nos sirven la rabia y la tristeza, cada emoción básica cumple con una función biológica que nos ayuda a sobrevivir y a adaptarnos al medio.
La tristeza nos ayuda a bajar el ritmo y a integrar el hecho de que hemos perdido algo que nos importa para darnos un tiempo y, poco a poco, empezar a rehacer nuestros planes.
La rabia nos activa ante una situación en la que no se han respetado mis límites o ante una injusticia y me da la fuerza para arreglar lo que no me gusta.
¿Y el miedo?
El miedo es la emoción más útil para la supervivencia.
Así de claro.
Porque el miedo aparece cuando sentimos inseguridad o amenaza y nos anima a protegernos y a buscar un lugar seguro.
Sin la intención de protección que activa el miedo en nuestro organismo, no buscaríamos refugio ante estímulos que pueden acabar con nosotros.
Sin miedo nos moriríamos.
Sin miedo me pongo delante del tigre sin darme cuenta de que soy una gacela y chao pescao.
Cuando siento miedo, mi brújula interna me está diciendo: “Ahí fuera hay un monstruo gigante que te quiere comer. ¡¡¡Escóndete!!!” o “¡Este no es un lugar seguro para ti! ¡Escapa!”.
El miedo es esa niña o ese niño que todavía nos habita de vez en cuando y que cree en los fantasmas.
Porque, ¿para qué engañarnos? Va a ser que los fantasmas sí que existen.
¿A quién no se le aparece un fantasma de vez en cuando?
Pero vamos por partes.
El miedo: expresión y función biológica de una emoción preciosa
Ya sabemos que no podemos vivir sin miedo y ahora podremos entender que esta emoción es preciosa para nuestra supervivencia.
Fisiológicamente, si mi organismo interpreta que lo que tengo en frente es un tigre que amenaza mi supervivencia, se activa la amígdala (ya hablamos de esta parte del cerebro en el artículo de Educación Emocional). Esto libera hormonas del estrés (cortisol, adrenalina y noradrenalina) que me dan la energía para emprender acciones con el objetivo de preservar mi integridad.
En medio de todo este proceso, mi mente ni pincha ni corta porque, como ya explicamos, el miedo es una emoción primaria y es instintiva: no tengo que pensar en ella para que se accione. Además, es tan básica que la compartimos con recién nacidos y animales.
En los humanos, cuando mi organismo siente miedo, libera las hormonas que hemos comentado y esto crea unos síntomas: empiezan los sudores, aumenta el ritmo cardiaco y la presión arterial.
También se dilatan las pupilas para ver mejor por donde atacar o escapar; se acelera la respiración para aumentar el intercambio entre oxígeno y dióxido de carbono (lo que provoca esa molesta opresión en el pecho) y la musculatura se contrae para echar a correr, lo que me puede acarrear contracturas y calambres.
¿Alguna vez te has preguntado por qué te duele estómago cuando sientes nervios?
Pues porque bajo los efectos de la emoción de miedo, nuestro organismo disminuye el número de enzimas del estómago para ahorrar energía. ¿Quién quiere hacer la digestión tranquilamente cuando estamos bajo amenaza de muerte?
Es decir, con toda esta activación fisiológica mi organismo me prepara para la lucha o la huida.
Es básico entender esto, así que lo repito: el miedo me prepara para la lucha o la huida.
La emoción del miedo se ha estudiado muchísimo en psicología. Y es que los síntomas del miedo sostenidos a largo plazo por nuestro organismo pueden ser devastadores para nuestra salud.
Así vamos por el mundo: respiración acelerada, presión en el pecho, musculatura contraída, pupilas dilatadas, con dolor de tripa y problemas de digestión… dispuestos a huir o a atacar en cualquier momento.
¿Te suena de algo?
Por no hablar del montón de personas que sufren de problemas cardiovasculares. Lee esta nota de prensa: Casi el 60% de los españoles tiene dos o más factores de riesgo cardiovascular – Fundación Española del Corazón (fundaciondelcorazon.com) y síntomas de todo tipo.
Se nos ha atascado el miedo en el cuerpo.
“Esto es estrés”. Le comentamos a nuestros amigos cuando empezamos a sentir estas señales que nos da el cuerpo.
Claro que es estrés pero créeme: los síntomas fisiológicos del estrés sostenido a largo plazo y del miedo se parecen muchísimo.
Tu cuerpo tiene miedo. Quizá no te hayas dado cuenta pero vives asustado.
Si estás en un puesto de trabajo donde la carga es más pesada de lo que puedes soportar, podrás intentar convencerte de que “solo es estrés”.
Pero tu cuerpo tiene miedo.
Si estás en una relación de pareja en la que no tienes la certidumbre de sentirte escuchada, querido o tratada con respeto… Tu cuerpo tiene miedo.
Si vives bajo el pensamiento de amenaza constante de: “No llego a todo. No me da la vida”, tu organismo entiende que de verdad que no te da la vida así que activará el mecanismo de supervivencia del miedo.
Mecanismo que, dicho sea de paso, puede transformarse en ansiedad perfectamente si se dan las circunstancias adecuadas. De esto también hablaremos en este blog.
Quizá da miedo decirlo así de claro y no lo escucharás en las noticias porque no conviene pero tu cuerpo tiene miedo.
Y tu cuerpo es tu casa. En tu cuerpo es donde vives todos los días del año.
Nuestro organismo se siente atacado a todas horas: el tráfico, las noticias apocalípticas, los problemas familiares sin gestionar, los temitas económicos, anuncios de alarmas de seguridad…
…los alimentos que no son alimentos, las pantallas y lo poco que puede hacer nuestro cerebro ante su poder, las relaciones que no son relaciones, los mensajes de compracompracompracompra o no serás nunca feliz…
Pero vamos por ahí como si no pasara nada. No acabamos de respetarnos.
Nos creemos el tigre pero continuamos siendo la gacela.
Como ya hemos comentado, debido al papel tan importante que el miedo ha desarrollado en nuestra evolución y supervivencia, hay muchos estudios científicos sobre él. Pero me llaman la atención los artículos que hacen una reflexión sobre el miedo y su lugar en nuestra sociedad actual.
Un artículo, por ejemplo, de los profesores de la Universitat de Barcelona (ambos especializados en campos de la Biología) Francesc Mestres y José Vives-Rego pone la atención en cómo el miedo se ha puesto de manifiesto en la actualidad , en los acontecimientos de las últimas décadas, mostrándose tan vivo como siempre, ya que: “está presente en la prensa, el discurso político, la neurociencia, la ciencia y la filosofía política”.
El miedo no pasa de moda.
La conclusión de ese artículo explica la relevancia del miedo en lo que, en mi opinión, son palabras muy acertadas: “el miedo es una respuesta emocional que nos permite detectar o intuir una situación de peligro y precisamente por eso consideramos al miedo adecuadamente gestionado, un elemento constructivo y positivo en el ser humano del siglo XXI”. Aquí puedes leer el artículo: Vista de Reflexiones sobre el miedo en el siglo XXI: filosofía, política, genética y evolución (csic.es)
Quizá te haya extrañado el título de este apartado del artículo pero insisto en que el miedo es una emoción preciosa para nosotros.
O al menos debería serlo.
He dicho varias veces que esto no es un blog de autoayuda naif happy flower vivesinmiedo elmiedonoexiste hoyvaaserungrandía. NO.
El miedo existe.
“Preciosa” en su etimología viene del latín “Pretiosus” que significa “objeto de gran valor”.
El miedo tiene un gran valor para nosotros. Para nuestra supervivencia. Y no estamos escuchando sus gritos de “Ponte a salvo. This is the jungle.”
A veces sí que lo escuchamos como un ruido de fondo.
Le damos un par de cañas, le ponemos una serie, le damos un paquete de galletas.
Y quizá se calla un rato.
Pero solo un rato.
Miedo y miedo patológico
¿Qué nos pasa con el miedo?
Que es una emoción tan incomprendida como temida.
Nos da miedo admitir que sentimos miedo.
Nos da miedo sentir miedo.
Nos da miedo pensar que podemos llegar a vivir atrapados por el miedo.
Y nos encanta fantasear con la idea de que podemos vivir sin miedo.
¿Tanto espacio ocupa el miedo en nuestras vidas? ¿De cuántas formas se puede manifestar el miedo?
El tema, desde luego, tiene chicha.
Para no confundir conceptos y antes de que te pienses que hago apología del terror, aquí hacemos un inciso.
Como el miedo ha sido una emoción tan estudiada en psicología, una de las conclusiones a las que se ha llegado es que se puede distinguir entre miedo adaptativo (nos ayuda a escapar y a sobrevivir) y miedo patológico (no nos ayuda para nada pero aquí está y hay que ver qué es lo que está indicando).
La ansiedad es un tipo de miedo patológico. Es miedo con un elemento de pensamiento que nos atormenta muchísimo: la anticipación.
La anticipación llega a nosotros en forma de preguntas sin respuesta: ¿Y si lo que pasó se repite? ¿Y si no puedo hacer nada cuando se repita? ¿Y si me vuelve a dar la palpitación y los sudores delante de todo el mundo? Me haría pasar mucha vergüenza.
Ya nos hemos ido a a la futurización catastrófica.
Entramos en el miedo al miedo. Nuestro cuerpo vive en una peli de terror y la amenaza es constante.
Esta diferencia entre miedo funcional y ansiedad no es siempre evidente si estás atrapado ahí, así que si tienes dudas acerca de qué te pasa puedes leer el artículo de este blog que trata sobre la diferencia entre miedo y ansiedad.
Y ya te adelanto que normalmente necesitamos ayuda psicológica para entender, atender y gestionar la ansiedad, esta emoción desregulada que causa tanto sufrimiento hoy en día.
También las personas que han pasado por experiencias de trauma, maltrato, negligencia, abuso, bullying, es decir, que se han visto obligadas a vivir durante un tiempo con la emoción del miedo en el cuerpo, pueden desarrollar miedo patológico y ansiedad.
El miedo patológico se queda con nosotros de forma crónica y se puede manifestar mediante trastornos como la ansiedad o las fobias.
Recuerda que el miedo es una emoción primaria, o sea, es breve por definición. Así que, en teoría, el ciclo de la emoción adaptativa del miedo, la que nos sirve para sobrevivir, consiste en llegar, activarnos, dar su mensaje y cuando lo hemos escuchado y actuado según nos indica, se ha de marchar.
En los casos de miedo patológico este mecanismo ya no funciona. El miedo se ha quedado dando vueltas por dentro del cuerpo y es tan fuerte que nos bloquea.
La paralización o bloqueo es otro mecanismo de supervivencia ante el miedo que utilizan algunos animales que se saben posible presa ante grandes depredadores: “No me voy a mover, así el gigante no me come.”
La zarigüella es un ejemplo de esta reacción. Ante una situación de estrés, este animal se desploma en el suelo, saca la lengua, su cuerpo emite un olor putrefacto… Todo para que el depredador se aleje, todo para no parecer un rico alimento.
Lo que tenemos que entender es que las zarigüellas no tienen control sobre este mecanismo defensivo ya que entran en un estado de coma involuntario que las paraliza por completo ante el posible peligro.
¿Te suena de algo?
Cuando mi organismo ha llegado a la conclusión de que ya no puede huir ni defenderse, opta por el colapso como método de protección. Es tan paradójico como cierto.
En estados de miedo crónico, la brújula interna está diciendo: “Ahí fuera hay un monstruo gigante que te quiere comer. ¡¡¡Sigue escondido!!! ¡¡¡Ni se te ocurra moverte!!!” de forma continua. No para de gritar. Nos paraliza.
La brújula se ha roto y toca arreglarla.
Es natural, en estas situaciones (y dependiendo de muchos otros factores) que algunas de estas personas que viven en estado de miedo crónico puedan llegar a desarrollar trastornos del estado de ánimo (ansiedad, depresión) y otro tipo de sintomatología.
Esto ocurre porque la emoción se ha desregulado por completo y ya no les está protegiendo de nada.
La emoción ha perdido su poder de protección de tanto usarla. Vamos a explicarlo así.
La emoción está desregulada, no funciona como debiera y, lejos de protegernos, formará parte de un complejo mecanismo que puede que nos acarree un problema de salud mental.
Entonces, quiero que quede claro que sí que podemos vivir sin miedo patológico.
Las personas pueden superar las sensaciones de miedo y ansiedad que están asociadas a vivencias de trauma, maltrato y abuso de cualquier tipo.
Podemos reprocesas los recuerdos de fantasmas pasados, claro, y vivir con la emoción de miedo regulada, dispuesta a protegernos de los peligros reales.
Para eso, repito, es casi indispensable el acompañamiento de un profesional de la psicología.
En terapia se dan las herramientas para que se regule la emoción del miedo.
Ahora entenderemos que la diferencia entre los dos tipos de miedo básicos está en que en el miedo patológico, la amenaza es “irreal” aunque el organismo la interprete como presente y esté reaccionando a ella. A mí me gusta decir que la amenaza está «desactualizada» ya que los recuerdos asociados a la emoción de miedo todavía no se han procesado en el cerebro.
Pero en el otro miedo, en el miedo funcional que es la emoción básica y primaria que viene a darnos su mensaje y se marcha, el peligro es real. El peligro está presente.
No podemos y no queremos vivir sin el miedo que es la emoción primaria.
¿Por qué?
Lo explicamos en el artículo de Educación Emocional pero yo te lo repito las veces que haga falta: porque el miedo es una emoción básica, universal, instintiva, que nos manda a protegernos si ahí fuera hay un peligro o una amenaza
Y ¿qué te voy a contar?
Me encantaría, como de niña, creer que esto es Disney y que la vida es color de rosa pero no te voy engañar, todos sabemos que ahí afuera hay peligros y amenazas
¿Por qué quiero vivir sin miedo?
Porque nos han dicho que era posible.
Ahora podemos entender que el miedo es la emoción más útil para nuestra supervivencia y que es totalmente funcional cuando la emoción está regulada.
Por eso me hacen reír las frasecitas de:
El miedo no existe.
Hazlo sin miedo.
Si el miedo ocupa tu cabeza, no deja espacio para tus sueños.
Todo lo que quieres está al otro lado del miedo.
El miedo es la muralla que separa lo que eres de lo que podrías ser.
Blah blah blah hablo del miedo sin tener ni idea blah blah.
Si hablamos de miedo patológico, vale, te compro las frases y te hago una docena de tazas con ellas.
Si hablamos de miedo como emoción funcional y básica, te propongo otros lemas más reales:
Sé valiente: reconoce que tienes miedo.
¿Sientes miedo? Enhorabuena porque eso significa que tu organismo funciona.
Sé consciente de tus fantasmas.
¿A qué tienes miedo?
¿Es un fantasma presente o pasado?
¿Qué te cuenta tu miedo?
¿Crees que necesitas ir a terapia para tratarlo?
No quedan tan bonitos para plasmarlos en una taza de café pero seguro que nos ayudan más.
Porque esta presión de “vivir sin miedo” es como si nos estuvieran animando a ir por el mundo sin una parte muy relevante de nuestro cuerpo. Ves por el mundo sin el tronco, por ejemplo, ¿dónde engancharíamos nuestras extremidades y nuestro cuello?
Nos están animando a la discapacidad emocional.
Claro que queremos vivir sin miedo patológico.
Pero no podemos vivir sin miedo.
Los robots pueden vivir sin miedo pero (ya es la última vez que lo repito, sorry) cualquier organismo que necesite protegerse ante una amenaza, necesita el miedo.
Otra razón por la que evitamos el miedo es que sentir miedo nos da miedo.
Es el pez que se muerde la cola.
A las personas que nos han criado tampoco se les explicó lo importante que es el miedo para nuestra supervivencia así que en situaciones de peligro y amenaza hemos escuchado frases como: “Hay que ser fuerte” o “No seas débil” en vez de “Tu organismo te pide que te protejas porque esto es una amenaza para ti”.
De esta forma nos hemos prohibido el miedo y la tristeza.
¿Y entonces?
La respuesta es aprender a tolerar nuestro miedo y a escucharlo.
El miedo nos crea un malestar físico. Vale. Pero ese malestar no viene porque sí (excepto en casos de miedo crónico y desadaptativo, claro).
Si mi emoción de miedo está regulada y no sufro de trastornos de ansiedad o fobias, el mero hecho de aceptar esa incomodidad que me produce el miedo, hará que ese malestar disminuya.
Por el contrario, la intención de evitar ese malestar, hará que la incomodidad aumente porque no podemos neutralizar la activación fisiológica que supone el miedo en nuestro organismo.
No podemos callar el mensaje del miedo y ya sabemos que la emoción se manifestará a través de síntomas, ya sean físicos o mentales.
Nos podemos entrenar en ser tolerantes con nuestro miedo.
El objetivo es escuchar de qué nos quiere proteger.
Quizá no me siento seguro con las personas con las que convivo.
Quizá me siento bajo amenaza en mi trabajo o en la ciudad en la que resido.
Aquí entraría el trabajo de gestión emocional del miedo, que es de lo que trata el próximo artículo.
Y, recuerda, si ves que esto se hace demasiado cuesta arriba, no dudes en contactarme.
En consulta podemos ver con qué recursos cuentas ya para hacer frente a tus miedos y activarlos para conseguir tus objetivos.
Además, podemos aportar otras herramientas que puedan ser útiles para tu caso en particular.
Sé que no es fácil acudir a terapia por primera vez. Yo te animo a que lo hagas, aunque sea con miedo.

