Ejemplo de conversación con tu parte ansiosa
en la cola para entrar a un concierto...
Noto síntomas ansiógenos en la cola del concierto. Empieza el viaje a Ysilandia: “¿Y si me mareo? ¿Y si no puedo entrar en el concierto? ¿Y si no hay taxi para volver a mi casa? ¿Y si…?”
Paso 1: Me escucho.
Paso 2: La nombro: “Es mi ansiedad. Me está hablando mi ansiedad.”
Paso 3: Elijo tranquilizar a esa parte que sufre en vez de machacarla. Me comunico conmigo desde la paciencia, el cariño y la intención de acompañar en lo que hay. Llevo a la práctica cualquier de las técnicas anteriores
“Sí, sí, si yo te entiendo…”
“Claro, amigui, como no vas a estar ansiosa si estamos ante una situación donde sentimos el juicio de las personas y a nosotras nunca nos han validado nada. Si esto nos lo estamos currando solitas, vamos a aprender poco a poco…”
En los ejemplos anteriores, sostengo y valido lo que le pasa a esa parte emocional que teme una desgracia. No le he quitado razón, solo la escucho y le muestro empatía.
“Sí, sí, en cualquier momento puede pasar algo, ya lo sabemos, pero ahora mismo lo que pasa es que estamos tranquilas, en la cola del concierto, mira qué pendientes tan monos lleva esa chica, ¡qué rico el olor a hamburguesa!… ¿Tu qué necesitas? ¿Nos compramos un agua y vamos a respirar un poco…?”
La acabo de validar. La traigo al presente. Un poco de Mindfulness informal, le pregunto qué necesita y propongo lo que creo que nos iría bien en este momento.
HOy no me he levantado dando un salto mortal...
Me despierto. Noto que hoy mi ansiedad está bastante desregulada. Mi pensamiento anticipatorio empieza a raptarme: “¿Y si me da un chungo en el trabajo? ¡Qué vergüenza! ¿Y si tienen que llamar a una ambulancia? ¿Y si…?”
Paso 1: Me escucho.
Paso 2: La nombro: “Es mi ansiedad. Me está hablando mi ansiedad.”
Paso 3: Elijo tranquilizar a esa parte que sufre en vez de machacarla. Me comunico conmigo desde la amabilidad, el cariño y la intención de acompañar en lo que hay. Llevo a la práctica cualquier de las técnicas de las que has leído.
“Vale, tranqui, de momento estamos en casa, nos vamos a hacer un té y vamos poco a poco. ¿Necesitas algo? ¿Vamos fuera a respirar un poquito?”
En este ejemplo, me he traído al presente y rescatado de la futurización catastrófica. He propuesto concentrarnos un poco en la respiración. Puedo levantarme pausadamente y practicar un poco la postura de arraigo.
“Vale, te entiendo, claro que puede pasar que nos de un chungo peeeerooo… así con suerte nos dan el día libre. A ver qué pasa, de momento vamos a lavarnos la cara y vamos viendo…”
Acabo de relacionarme con mi ansiedad con un poco de humor y rescato a esa parte que sufre del viaje en el tren del terror a Ysilandia. Puedo aprovechar el lavado de cara para practicar un poco de atención plena: abro el grifo, noto el frescor del agua en mis manos, noto cómo me toco la cara, mis facciones, cómo el frescor llega al resto de mi cuerpo…
Conclusión de las técnicas sugeridas para prevenir y gestionar la ansiedad
Como habrás podido leer en los últimos artículos, la idea es que una vez reconocida y aceptada la emoción de ansiedad, puedas trabajar en tu diálogo interno y desde ahí aplicar las técnicas que hemos explicado al principio de respiración, atención plena, grounding… La que más te guste y mejor te funcione.
Y si es alguien de tu alrededor quien sufre de ansiedad, puedes acompañar a esta persona utilizando las mismas propuestas y técnicas.
Si eres tú quien acompaña, tú puedes ser quien proponga concentrarse en la respiración o practicar algo de arraigo.
Y también, si eres tú quien acompaña, puedes ser quien rescata a esa persona que sufre de la anticipación trayéndola al presente.
Sobre todo, puedes ser tú quien hace de modelado y señala la necesidad de tratarnos con cariño y paciencia en estos momentos de sufrimiento.

