cómo combatir la insatisfacción corporal

¿CÓMO COMBATIR LA INSATISFACCIÓN CORPORAL?

¿CÓMO COMBATIR LA INSATISFACCIÓN CORPORAL? POR DóNDE EMPEZAR

Si te digo la verdad, iba a titular este artículo : “¿Cómo superar la insatisfacción corporal?” pero superar, superar, lo que se dice “superar”…

Superar superar… no sé, porque debajo de la sensación de insatisfacción hacia nuestro físico hay un montón de aprendizajes y experiencias que llevan ahí mucho tiempo y  han hecho mella.

En el próximo artículo veremos cómo mejorar la imagen corporal pero de momento me he decidido por utilizar el verbo bélico “combatir” como en los anuncios de productos anticelulitis.

Porque estamos en una especie de cruzada y necesitamos armas para, por lo menos, bajar el volumen a esta incómoda sensación de descontento y transformar poco a poco la relación que tenemos con nuestro físico.

Podemos, por ejemplo, trabajar la dimensión de centralidad, es decir, de cuánto de importante es tu imagen corporal en tu vida, cuánto tiempo y cuánta energía ocupa.

Porque si has leído el artículo anterior en el que explico qué es la insatisfacción corporal, sabrás que esos sentimientos tienen como base  una imagen corporal negativa.

Y esta imagen corporal negativa no es objetiva sino que el reflejo que vemos en el espejo está influido por un montón de filtros (la idea aprendida de cómo es el cuerpo perfecto, qué se ha señalado desde niña en tu apariencia…) que son los que, poco a poco, según tu historia y tus aprendizajes, han ido construyendo esa imagen.

Porque de pequeñas no se nos ocurría odiar nuestro cuerpo pero empezamos a recibir críticas, comentarios no solicitados, llegaron las comparaciones con tu prima en la adolescencia… Y te fuiste fijando en referentes y modelos inalcanzables patrocinados por la cultura de la dieta.

Lo que te propongo para empezar a combatir tu insatisfacción corporal es justamente investigar tus filtros y tomar conciencia de que, como son construidos y aprendidos, los podemos desaprender y reconstruir

Podremos transformar el filtro de “me comparo continuamente con el cuerpo ideal de las influencers y me machaco por ello” por el de “sí, puede que me compare pero, sobre todo, estoy muy agradecida de que mi cuerpo me lleve y me traiga todos los días y me permita abrazar a mis seres queridos”, por ejemplo.

Podremos transformar el filtro de “en mi familia siempre se ha comentado mis «cinco kilitos de más» y eso me ha marcado por el de “soy consciente de que mi cuerpo me permite hacer excursiones, que me encantan, y también del placer de jugar con mis hijos”.

Y, como esto es un trabajo de investigación, empezaremos a hacer preguntas. 

TRABAJAR LA INSATISFACCIÓN CORPORAL: PREGÚNTATE SOBRE TU HISTORIA

Estamos intentando cuestionar tu imagen corporal negativa, llegar a la conclusión de que lo que ves en el espejo es el resultado de tus aprendizajes y experiencias.

Y, para ello, quizá alguna de estas preguntas te ayuden a saber cómo se ha creado tu imagen corporal:

¿Recuerdas cuándo empezaste a sentir insatisfacción, vergüenza o a odiar tu cuerpo?  

¿Cuándo fue la primera vez en que te diste cuenta de que había algo en tu cuerpo que estaba mal?

¿Cuándo y cómo aprendiste que no era válido

¿Cuál fue el punto de inflexión

¿Hay alguna experiencia o señalamiento que te hizo sentir que algo en tu cuerpo estaba mal?

En el pasado, ¿se comentó algo sobre tu cuerpo que te hizo sentir que no pertenecías al grupo, que eras “diferente”?

Nota: en la infancia y en la adolescencia ser “diferente” sabemos que es considerado algo “malo”.

¿Quién te dijo que tu físico no puede gustar?

¿Tenías complejos? O, mejor dicho, ¿te hicieron tener complejos?

¿Había algo que se repetía sobre tu apariencia y que a ti te molestaba en especial?

¿Había algo que se repetía sobre tu cuerpo y que te encantaba particularmente?

¿Qué comentarios ajenos te hicieron pensar que no eras como los demás y que la “culpa” de esto la tenía tu cuerpo

¿Recuerdas si eso te avergonzaba?

¿Qué revistas o qué series veías en las que básicamente aparecía un cuerpo normativo exitoso y un cuerpo que se salía de la norma a quien no le iba muy bien la cosa?

¿Cómo han marcado estas experiencias la forma en la que actualmente te percibes en el espejo?

¿Cómo han marcado estas experiencias la relación con tu cuerpo y la forma que tienes de comunicarte con él?

 ¿A través de qué ojos te miras? 

¿Quién te ha mirado antes de esa manera?.

TRABAJAR LA INSATISFACCIÓN CORPORAL: RELACIÓN ACTUAL CON TU CUERPO

Y hoy en día:

¿Qué relación tienes con tu cuerpo?

¿Qué pensamientos y emociones surgen respecto de tu apariencia, peso, la forma de tu cuerpo?

¿Has escuchado cómo le hablas a tu cuerpo?

¿Has escuchado cómo hablas de tu cuerpo?

¿Cuánto juicio aparece en el espejo cuando observas tu reflejo?

¿Cómo “debería” ser tu cuerpo? (Con las respuestas del apartado anterior, te darás cuenta de dónde viene esa norma).

¿Qué cosas cambiarías de tu apariencia física? (Lo mismo del paréntesis anterior).

¿Para qué necesitas esa forma específica de tu cuerpo o ese nivel de delgadez?

¿Qué impacto tiene tu imagen corporal en tu calidad de vida? 

¿Hay situaciones que evitas por algún complejo?

¿Hay situaciones de las que podrías disfrutar más o placeres que no te permites porque estás preocupada por tu cuerpo?

¿Qué estrategias de control usas para conseguir que tu cuerpo se parezca al cuerpo ideal: contar calorías, número de entrenos, medir los pasos, pequeñas cirugías, fajas o ropa que modela el cuerpo…? 

¿”Compensas” cuando te has salido de la cantidad o del tipo de alimento de lo que se supone que “debes” comer?

Nota: Ten en cuenta que intentar bajar de peso, obsesionarte con lo que comes y cambiar la forma de tu cuerpo pueden ser estrategias de control que utilizas para tolerar algo de tu vida que te produce incertidumbre y que, por tanto, no puedes controlar. 

Aquí te puedes preguntar qué es lo que no puedes controlar y que inconscientemente quizá estás traspasando al control del peso, la comida y la forma de tu cuerpo.

¿Escuchas las señales y necesidades de tu cuerpo?

¿Cómo te tomas tu alimentación o el ejercicio? 

¿Qué es “hacer las cosas bien” o “hacer las cosas mal” en cuanto a la relación con la comida y con tu cuerpo? 

¿Te permites la flexibilidad en tus hábitos y en tu alimentación?

¿Cuánto focalizas en tu cuerpo para «sentirte bien»? 

¿Cuánto focalizas en tu cuerpo para dejar de sentir malestar? 

¿Instrumentalizas tu cuerpo para conseguir algo deseable o deshacerte de algo desagradable?

¿Qué problemas o inquietudes estás focalizando en tu cuerpo? 

¿Estás focalizando en tu cuerpo tus problemas de inseguridad

¿Falta de aceptación? 

¿Complejos por los que te comparas compulsivamente?

Y aquí otras preguntillas más que invitan a la reflexión…

¿Hay otra forma más directa y menos nociva de abordar tus problemas de inseguridad y falta de aceptación?

¿Qué factores impactan en tu imagen corporal actualmente?

¿Cómo te relacionas con los medios de comunicación y redes sociales? ¿Te hacen bien? ¿Abusas de ellos? ¿Los cuestionas? ¿Pones límites?

¿Es necesario evaluar continuamente tu cuerpo y el de los otros? ¿Con qué objetivos?

Si pudieras reinvertir todos los minutos que has dedicado o dedicas a preocuparte por tu cuerpo, ¿en qué los reinvertirías?

¿Quién sale ganando con tu insatisfacción corporal?

¿Qué costes estás dispuesta a soportar para conseguir el peso o el cuerpo ideal?

¿A qué tienes asociada la delgadez?

¿Conoces otra forma de ganar seguridad y confianza en ti misma que no sea a través de querer cambiar tu cuerpo?

¿Qué es para ti el autocuidado?

¿Qué entiendes por salud

¿En tu definición de salud entran el cuidado de los aspectos psicológicos y sociales que ha de incluir la idea de salud global?

¿Reflexionas habitualmente, como estás haciendo ahora, sobre estos aspectos tan importantes?

COMBATIR LA INSATISFACCIÓN CORPORAL: LAS NORMAS QUE TE GUÍAN

Tu imagen corporal también está influenciada por las normas que te has autoimpuesto y que, en su mayoría, las has aprendido de la cultura de la dieta

Imagina que, entre una cosa y otra, has llegado a la conclusión de que  “Si pierdo 8 kilos tendré más autoestima y me sentiré más segura” o “cuando tenga el cuerpo perfecto, encontraré pareja y ya no me sentiré solo”.

Esto lo puedes haber aprendido perfectamente gracias a muchos anuncios de la tele en los que, tener el cuerpo normativo, está asociado aceptación social, ascenso laboral…

Todo patrocinado por esta sociedad donde reina el culto al cuerpo.

Las normas aprendidas que no cuestionamos suelen presentarse de forma rígida e inquebrantable y funcionan como una guía a seguir

Entonces, solemos priorizar la norma antes de la experiencia, es decir, aunque sé que este camino de perder 8 kilos para conseguir éxito no me está llevando donde deseo llegar, no cuestiono la norma y pa’ lante.

A veces tenemos la norma tan integrada que a pesar de que nos sintamos peor y estemos alejadísimas de lo que verdaderamente nos importa, no abandonamos la norma.

Insistimos en solucionar problemas con una estrategia que no funciona. Y esto nos puede causar frustración, ansiedad y cada vez más malestar.

Porque tu objetivo de sentirte querida, valorada, vista… cada vez queda más lejos. Sobre todo el objetivo de sentirte querida y valorada por ti misma.

Entonces, duda de esas estrategias inflexibles porque seguramente no estén funcionando.

Es buena idea trabajar en la flexibilidad, investigar qué reglas has aprendido y cuáles son las que rigen tu relación con la comida y con tu cuerpo, cuestiónalas porque no te guían hacia tus objetivos y… ¡a desaprender!

TRABAJAR LA INSATISFACCIÓN CORPORAL: EL PESO DE LO SOCIAL

Toma conciencia de que cuando te miras en el espejo, la imagen que ves está influida por:

  • Esta sociedad donde reina el culto al cuerpo y hay un claro ideal estético. 
  • Los estándares de belleza promovidos por la cultura de la dieta que te han educado en perseguir y desear. 
  • La exposición constante a cuerpos delgados en redes sociales con los que te comparas.
  • Los mensajes constantes de que tu cuerpo está mal y que tienes que modificarlo (anuncios de televisión, cirugía estética, publicidad, productos zero…) patrocinados por quienes ganan con esto de la cultura de la dieta.
  • La falta de referentes y modelos de diversidad corporal que estén asociados con atributos deseables como tener éxito y sentirse ser querida y aceptada.
  • La socialización de género: cómo ha de ser el cuerpo de una mujer, cómo ha de ser el de un hombre.
  • Las presiones estéticas: qué es bonito y qué es feo en cuanto a la forma de un brazo, pierna, abdomen, pómulo,…
  • Contextos cercanos, como familia y amigos, y las reglas que se transmiten a través de estos sobre cómo ha de ser un cuerpo y qué hay que hacer para conseguirlo.
  • Los halagos y cumplidos sobre el físico que refuerzan y asienten la idea de que lo visible y remarcable es la apariencia física.
  • El aprendizaje social de que acercarnos al canon es acercarnos al grupo bueno, con lo que deseamos satisfacer la motivación humana básica de pertenencia.
  • La idea de delgadez como prerrequisito para ser feliz y tener una vida plena.

Después de leer esto, ves a mirarte a un espejo. Ves.

¿Qué ves ahora?

Una persona que ha aprendido lecciones erróneas y se ha creído el cuento.

Abrázate un ratito, como si fueras una niña que ha aprendido algo erróneo que la está  llevando al sufrimiento continuo.

Como si fueras una niña que ha aprendido que si es la más guapa de la clase, todo el mundo la querrá y nunca estará triste.

Y aquí no se acaba.

Porque la cultura de la dieta también nos ha enseñado que hay unos cuerpos que se premian y otros que se castigan y también a asociar delgadez con atributos positivos que toda persona quiere para sí misma: el éxito social o laboral, ser una persona querida, segura de sí misma y con fuerza de voluntad, etc…

Porque, reflexionemos un poco más profundamente sobre las preguntas que te has hecho hace un momento: cuando hablas de delgadez, ¿solamente hablas de delgadez?

Y ahora pasamos a lo práctico. Te invito a hacer un ejercicio:

Coge una hoja en blanco y escribe la oración “Cuando adelgace…” y después escribe todo lo que te dice tu cabecita que conseguirás.

No es que yo esté cuestionando tus objetivos vitales o tus necesidades. La idea es conseguir todo eso que tú necesitas. Eso está claro.

Queremos tener éxito, sentirnos válidas y valiosas, aceptadas, queridas, incluidas en el grupo…

Lo que es alucinante es que hayamos aprendido que conseguiremos eso cuando tengamos un cuerpo delgado.

Eso es lo que toca cuestionarse.

¡Qué bien lo han hecho! ¡Ni las tablas de multiplicar nos las aprendimos taaaaan de memoria!

Aquí te dejo ejemplos que he visto en consulta que siguen a la oración de “Cuando adelgace…”

  • tendré más amigos.
  • me sentiré más segura.
  • conseguiré un trabajo mejor.
  • ganaré confianza en mí misma.
  • tendré más autoestima.
  • no me callaré las cosas.
  • me tomarán en serio.
  • encontraré pareja.
  • pondré ponerme los modelitos que me gustan (y así me sentiré vista, y dejaré de sentirme rara y excluida y me sentiré querida…)

Abraza de nuevo a esa niña que aprendió que 2+2=5 y que hace años que no le salen las cuentas.

Tus necesidades y objetivos vitales son sagrados. Te animo de corazón a ir a por ellos.

Pero ¿de verdad necesitas conseguir el cuerpo ideal para llegar ahí?

Eso es lo que toca cuestionarse.

Queda confirmado: cuando hablamos de delgadez, no solo hablamos de delgadez. 

Cuando buscamos la delgadez, buscamos todos esos atributos que hemos aprendido que vienen asociados: éxito, felicidad, pertenencia, confianza en mí misma, amor incondicional, poder dar mi opinión, sentirme escuchada, fuerza de voluntad, valoración…

Reflexiona y pregúntate qué ideas tienes asociadas a la delgadez y qué es lo que buscas a través de conseguir el cuerpo ideal.

Son preguntas muy relevantes que te ayudarán a ver cómo de difícil te lo estás poniendo.

Y es que, a pesar de que con la delgadez buscamos apoyo, seguridad, aceptación, validación, cariño, éxito, respeto, amor… en el camino hacia esa delgadez deseada nos solemos encontrar con más presión, tristeza, frustración, incomodidad e insatisfacción.

¿O no?

Cabe plantearse si la estrategia de conseguir a toda costa el objetivo del cuerpo ideal  es realmente válida para obtener todas esas características que trae asociadas o si, por el contrario, perseguir ese imposible puede llegar a perpetuar el problema.

Es necesario reflexionar acerca de lo que buscas, de lo que tienes asociado a esa delgadez pero… Otra cosita…

¿De qué estás huyendo en el camino hacia la delgadez deseada?
Es una pregunta igual de importante.

Porque a su vez, en la búsqueda de la delgadez estamos huyendo del rechazo, de la inseguridad, de la torpeza, del fracaso, de la insuficiencia, de no ser válida, de no sentirte vista ni escuchada… 

A esta reflexión, podemos añadir las siguientes preguntas:

¿Qué crees que dejará de ocurrir si consigues el peso deseado?¿Qué problemas desaparecerán?

Respuestas que he escuchado:

  • dejaré de sentir juicio allá donde voy.
  • me sentiré incluida en los grupos.
  • ya no me insultarán más.
  • mi familia no comentará lo que falla a mi cuerpo.
  • se dejarán de burlar de mí.
  • ya no me dará vergüenza ir a la playa.
  • no seré la tonta graciosa del grupo.

Como ves, también hemos aprendido que la delgadez nos va a librar de lo que no deseamos.

LA CLAVE PARA COMBATIR LA INSATISFACCIÓN CORPORAL

Visto lo visto, ¿te extraña que aprendas a tener una imagen negativa de tu cuerpo? 

Que tú tengas pensamientos o emociones negativos contra tu cuerpo no es lo raro ni lo que está mal. 

La sociedad está encantada con que tengas emociones y sentimientos negativos.

Pero no es tu cuerpo lo que está mal.

Lo que está mal es lo que te han hecho pensar de tu cuerpo y sentir hacia tu cuerpo.

Lo que está mal es que nos hayan enseñado a desear ese cuerpo y ese peso porque ese peso y ese cuerpo me traerán cosas buenas.

Y que me hayan hecho creer que ese peso y ese cuerpo me librará de cosas malas.

Claro que queremos sentirnos queridas y valoradas. Claro que queremos éxito y tener una buena vida.

Son buenos objetivos y por eso no vamos a cuestionar el objetivo.  Sí que nos vamos a plantear cómo llegar hasta él.

La clave para combatir y reducir la insatisfacción corporal es entender e integrar que estar delgada o tener el cuerpo “ideal” no es un requisito para tener una vida satisfactoria y llena de sentido

La clave es desaprender lo aprendido.

Porque lo que quieres no es un cuerpo perfecto (eso es lo aprendido, desde luego).

Lo que quieres es llegar a sentir lo que has aprendido que trae asociado ese cuerpo perfecto:  apoyo, seguridad, aceptación, validación, cariño, éxito, respeto, amor, sentirte escuchada, encontrar tu lugar..

La idea es llegar a ese fin, sí, a conseguir todo eso sin el intermediario de la delgadez o del cuerpo normativo porque si nos creemos el cuento, caemos en la insatisfacción corporal crónica y  corremos el riesgo de nunca llegar a esos objetivos.

Esa es la clave: hacerte preguntas que profundicen en la historia de tu insatisfacción corporal, darte cuenta de qué factores sociales mantienen esa insatisfacción y la alimentan día a día.

Darte cuenta, por tanto, de que te ves en el espejo a través de un montón de los filtros que son aprendidos

Y que la clave es cuestionar y transformar esos filtros.

¿Se puede mejorar la imagen corporal? Sí. Puedes leer el siguiente artículo.

En él no te voy a hablar de dietas milagro, del último aparatito para combatir la celulitis ni de cremas reductoras.

Vamos a transformar esos filtros llevando a cabo tres acciones:

  1. Adoptando una postura crítica que te ayude a tomar conciencia de todo lo que se demanda socialmente de tu físico.
  2. Cultivando tu autoestima, tu autoconcepto y tu gestión emocional.
  3. Reconciliándote y reconectando con tu cuerpo.

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