entender la ansiedad

ENTENDER LA ANSIEDAD

Entender la ansiedad es un paso previo necesario para poder gestionarla. 

No podemos gestionar un grupo de personas sin antes saber cuáles son sus necesidades, recursos y preferencias.

Pues lo mismo.

No podemos gestionar nada sin antes conocerlo. O, mejor dicho, sí que lo podemos hacer pero el resultado sería muy cuestionable.

Si intento gestionar un grupo de personas sin saber que se dedican a la enseñanza y que necesitan aprender sobre nuevas tecnologías y que son un grupo bastante cohesionado pero que les cuesta aprender cosas nuevas… 

Y yo voy y los inscribo a un curso de biomecánica… 

Será difícil gestionar este grupo: se van a quejar, se van a sentir desatendidos, incomprendidos, perdidos…

Con la ansiedad es lo mismo. 

Ves que la palabra “gestionar” está de moda, ¿verdad?

Esto es porque en el artículo anterior titulado “No puedes controlar la ansiedad”, ya explicamos que la ansiedad no se puede controlar ni eliminar ni evitar ni hacer todas esas cosas que nos gustaría hacer con ella para que desapareciese… 

NUESTRO OBJETIVO: GESTIONAR LA ANSIEDAD

Respira.

Repite conmigo:

No se puede controlar la ansiedad.

Lo único que podemos hacer con ella es conocerla y entenderla para poder escucharla gestionarla.

¿Por qué?

Esto lo puedes leer tanto en los artículos de “No puedes controlar la ansiedad” como en el de “Conocer la ansiedad” pero yo te lo repito las veces que haga falta: 

La ansiedad es una emoción de la que no podemos ni queremos deshacernos porque nos sirve para adaptarnos a situaciones nuevas y desafiantes.

¡Pero es una emoción incómoda y negativa! Me dirás.

Sí, te contestaré:

Contamos con un número mayor de emociones «negativas» (a mí me gusta llamarlas difíciles) y están más presentes que las positivas (o agradables)  en nuestro día a día porque tienen más capacidad de ayudarnos a sobrevivir, que es el objetivo básico de nuestras emociones.

Pues sí. La emoción de ansiedad, cuando está regulada, nos ayuda en la ardua tarea de sobrevivir. Otra cosa, desde luego, es cuando se nos vuelve en contra y se apodera de nuestro día a día.

Porque la ansiedad es una emoción que se nos puede desmadrar, lo que se conoce como «ansiedad patológica», término que explicamos en el artículo de “Conocer la ansiedad”. Y está claro que esa emoción descontrolada ya no nos sería tan útil en nuestro día a día.

Más bien, todo lo contrario. En vez de ponernos la vida fácil, la ansiedad patológica nos la dificulta bastante.

Vamos un poco más allá. Si esta ansiedad patológica y la conducta que a la que nos lleva cumplen algunos criterios de frecuencia intensidad, duración… que están descritos y delimitados en los libros de Psicología, podría catalogarse dentro como un trastorno de ansiedad. Puedes leer acerca de esto en el artículo que trata sobre “Diagnóstico de los trastornos de ansiedad”.

Y que quede claro que todos sabemos que aunque no se cumplan los criterios para realizar un diagnóstico, se sufre igual. No tener un diagnóstico de trastorno de ansiedad no significa que no lo pases mal a causa de la ansiedad.

Este conjunto de síntomas de ansiedad que no cumplen los criterios para ser un trastorno pero que me hacen pasarlo mal y no me dejan llevar la vida que quiero, se llama ansiedad subclínica, y también puedes leer sobre ella en el artículo de “Conocer la ansiedad”.

Te estoy animando (e insistiendo demasiado quizá) a leer los artículos anteriores de este blog porque el orden para aprender a gestionar nuestra ansiedad sería, como quien dice, cronológico.

Primero, conozco la ansiedad: qué es, cuáles son sus síntomas,  qué tipos existen, cómo se describen los trastornos de ansiedad en los manuales diagnósticos de psicología….

Luego, entiendo la ansiedad: qué tiene de diferente a otras emociones, qué la compone, a qué responde, para qué me puede servir…

Entonces, repito por última vez, como la ansiedad es una emoción, no podremos dar la receta mágica para que se solucione y desaparezca. 

No existe el ibuprofeno emocional. 

Así que el siguiente paso sería atender a la ansiedad para cumplir con el objetivo final: gestionarla.

O sea, ya nos hemos olvidado de querer controlar y deshacerme de esta emoción.

Y hemos entendido que lo que sí que podemos hacer con la ansiedad es conocerla, entenderla,  atenderla y aprender a gestionarla, como podemos hacer con todas las emociones.

Ahora vamos a estudiarla con algo más de profundidad.

ANTICIPACIÓN EN LA ANSIEDAD

La anticipación en la ansiedad es uno de los factores que causa más angustia y que normalmente relacionamos con “descontrol mental”, rumiaciones, insomnio, desatención y falta de concentración.

Llamamos anticipación a un pensamiento, normalmente con aire catastrófico, que se nos mete en la cabeza para contarnos todo lo malo que nos va a pasar.

Es un pensamiento anticipatorio porque hace referencia al futuro y habitualmente comienza formulado por un “Y si… ?”

He dicho pensamiento anticipatorio en singular pero, ¡ojalá solo fuera uno! Viene uno y ese uno trae otro, y ese otro encadena con otro y no hay fin.

¿Y si hoy no me va bien en la reunión de trabajo?
¿Y si se dan cuenta de que no he hecho del todo bien el proyecto?
¿Y si mis jefes deciden que ya no pinto nada en el equipo?
¿Y si me echan?
¿Y si, a mi edad, ya no encuentro trabajo y no puedo pagar la hipoteca?
¿Qué será de mi familia?

Con este ejemplo entenderás que estos pensamientos anticipatorios o, como a mí me gusta llamarlos, futurizaciones catastróficas, tienen el don de crearme mucha  angustia. 

Porque lo que tengo hoy es una reunión de trabajo, hasta aquí todos de acuerdo,  pero yo ya me veo malviviendo debajo de un puente con toda mi familia. Y tengo todos los pasos visualizados, planeados, para llegar de un lugar a otro.

Yo he pintado bien poco en este plan pero la anticipación ya ha hecho todo el croquis.

Si te fijas, mediante estos viajes mentales, te has ido directamente al infierno. Entonces, tu organismo, fiel a tu supervivencia,  reacciona como si estuviera realmente en el infierno: palpitaciones, no entra aire al respirar, temblores, sudores, sensación de querer escapar…

Es por eso que este mecanismo de anticipación suele estar en la base de un “ataque de ansiedad”, como lo solemos llamar, aunque los términos más adecuados sean “ataques de pánico” o “crisis de angustia”.

Mi mente ha llevado a todo mi organismo al infierno y mi organismo, que no entiende que estamos viajando al futuro y que por tanto ese infierno de momento no existe, empieza a sentirse como si estuviera en el mismísimo reino de Hades y nos avisa mediante los desagradables síntomas ansiógenos: tensión muscular, náuseas, mareos, sequedad de boca, diarrea…

¿Para qué te da ese aviso tan terrible?

¡Para que lo rescates y podáis salvar la vida!

Mediante estos síntomas, tu cuerpo te grita: ¡Sácame de aquí! ¡Escapemos! ¡Aquí hay un monstruo gigante!

Qué grande el poder del pensamiento, de la anticipación, ¿no?

Ahora me dirás: “Belén, llevas por lo menos cuatro artículos en los que has repetido por activa y por pasiva que la ansiedad es una emoción, y ahora nos hablas de pensamiento, ¿en qué quedamos?”

Excelente pregunta.

Muy buena observación.

Como ya explicamos en el artículo sobre emociones primarias y emociones secundarias , solo existen seis emociones primarias: rabia, tristeza, miedo, alegría, sorpresa y asco. 

Y como quedó claro en el artículo de Educación emocional: la educación que nos faltó en el cole, las emociones primarias las traemos instaladas desde que nacemos y no hace falta que la mente haga nada para sentirlas.

Las emociones primarias son activadas desde unas redes neurales de nuestro cerebro que son más rápidas  que el pensamiento, por eso se dice que las emociones primarias son instintivas y primarias. 

Ante una amenaza real, no piensas, solo reaccionas. Como comentamos en el artículo de gestión emocional del miedo, nuestra amígdala (una parte muy importante del cerebro) se pasa el día analizando todos los estímulos que nos pueden causar algún daño o peligro. Si encuentra algo que no le gusta, envía una señal a la sustancia gris periacueductal y esto provoca la sensación de miedo. Es un acto automático que nos asegura el ponernos a salvo.

Sin embargo, la ansiedad es una emoción secundaria, es decir, no es innata, no la compartimos con el resto de animales mamíferos ni la tenemos desde que somos bebés. Es una emoción social, aprendida del grupo con el que vivimos. 

En las emociones secundarias participan muchas más áreas del cerebro y conexiones neuronales. En el caso de la ansiedad, por ejemplo, participan los lóbulos frontales que se encargan de procesar la información a un nivel superior.

Así que, como ya explicamos,  en las emociones secundarias entra la mente a interpretar lo que está pasando, lo que quiere decir que nuestro organismo responde ante una combinación de emoción-pensamiento.

Pues bien, el pensamiento que suele haber en la ansiedad es esta futurización catastrófica.

La ansiedad nos rapta del momento en el que estamos y nos lleva a un futuro horrible. Bueno, la ansiedad no hace eso pero se lo deja hacer.

Es la anticipación de un futuro horrible la que toma las riendas de mi vida: nos cuenta historias de miedo, mi organismo se las cree y, claro, como una niña indefensa, comienza a temblar.

ANSIEDAD Y VENTANA DE TOLERANCIA

Cada organismo es capaz de tolerar cierto nivel de ansiedad. A este nivel se le llama ventana de tolerancia de ansiedad.

Mi organismo puede manifestar unos ciertos síntomas de ansiedad mientras doy una charla en público y, aun así, esto no me impide dar la charla.

Antes y durante la charla, puede que mi cuerpo sude, me tiemble la voz, sienta el corazón palpitar más rápido de lo normal… Síntomas que son causados, dicho sea ya de paso, por los Ysis de la futurización catastrófica como, por ejemplo, serían:

¿Y si lo hago mal?

¿Y si quedo en ridículo delante de todo el mundo?

¿Y si me quedo en blanco y se me olvida el contenido de la charla?

Pero aun y así, soy capaz de dar la charla y la ansiedad me ha servido para estar algo más activa, algo más atenta, algo más centrada en esa situación que es un reto para mí. 

Cuando mi organismo se encuentra en su ventana de tolerancia de la ansiedad, siente que le está llegando una cantidad de ansiedad que puede gestionar de forma efectiva sin desbordarse emocionalmente para luego volver a la armonía. 

Si estoy dentro de mi ventana de tolerancia, sí que paso nervios pero no paso una angustia terrible. Aquí, la ansiedad sería considerada “ansiedad normal”, de la que ya hemos hablado en el artículo que nos acerca a conocer la ansiedad.

La ventana de tolerancia es diferente para cada persona y su amplitud o estrechez dependerá, en parte, de las experiencias estresantes o traumáticas que hayamos experimentado y de cómo las hayamos gestionado en el pasado o colocado en nuestra vida presente.

Si lo que yo siento se me desborda y no soy capaz de hacer la tarea propuesta (la charla, en este caso) de forma efectiva y me pueden los nervios y la angustia, y todas estas sensaciones me descentran y no me dejan vivir tranquila ni hacer las cosas que me gustaría hacer, esto significa que la emoción de ansiedad está desregulada y que no estoy en mi ventana de tolerancia.

Cuando la emoción de ansiedad está desregulada, normalmente se activa mi sistema nervioso simpático y me causa los síntomas que me disgustan: palpitaciones, dolor en el pecho, temblores… Esto pasa cuando porque mi organismo está hiperactivado, como si estuviera corriendo una maratón.

Pero también puede pasar que la ansiedad me cause cansancio, confusión, distracción o vergüenza y que me cueste expresar mis pensamientos, pensar, expresar emociones y responder físicamente. 

Ahí está actuando el sistema nervioso parasimpático que es el encargado de la relajación y la respiración, y se dice que mi organismo está hipoactivado, como si estuviera a punto de echarse la siesta.

En el caso de la hipoactivación, mi cerebro ha mandado la orden de dejar de sentir eso que siento porque es demasiado para mí y  está fuera de mi ventana de tolerancia.

Pero esto no se queda aquí.

Cuando se han desregulado los mecanismos de la ansiedad, lo que suele pasar es que voy pasando del estado de hiperactivación al de hipoactivación y esto me causa más ansiedad porque pienso que me estoy volviendo loca, que lo que hago y lo que me pasa no tiene ningún sentido. 

Cada vez me cuesta más volver a la ventana de tolerancia y voy pasando de la confusión a las palpitaciones y del cansancio al dolor en el pecho.

He entrado en un ciclo tóxico y doloroso del que solo puedo salir si entiendo lo que me está pasando y aprendo a gestionar la emoción de ansiedad.

ANSIEDAD Y FFFF*

¿Pero por qué? ¿Por qué ahora? ¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Por qué?

Estas son las preguntas que más se repiten en consulta entre las personas que sufren de ansiedad.

La respuesta es siempre la misma: 

Porque si se ha desregulado el mecanismo de ansiedad,  tu organismo está interpretando que ahí afuera hay un monstruo, aunque tú no lo puedas ver, y tu mente está lanzando mensajes de que el futuro es aterrador y tu cuerpo está respondiendo con miedo.

Tu corazón late más rápido y se contrae la musculatura para poder echar a correr y que no te atrape ese monstruo.

Tu respiración se acelera con el mismo objetivo.

¿Pero quién es el monstruo?

Esta respuesta no es siempre la misma. Cada uno tenemos nuestros fantasmas. Localizarlos, ponerles nombre, mirarlos a la cara y reconocerlos forma parte del trabajo específico de ansiedad que hacemos en consulta.

Pero no nos adelantemos.

De momento solo sabemos que la ansiedad es la respuesta a una amenaza, por eso mi sistema se pone en alerta.

Hay una amenaza ahí afuera (o dentro de mí, porque la futurización catastrófica puede ser uno de mis monstruos) y mi organismo adopta las respuestas de flight, fight, freeze o fawn.

No es un trabalenguas en inglés.

Son cuatro respuestas que da tu organismo cuando se encuentra en peligro: huir, luchar, congelarse/bloquearse o someterse.

Seguro que ahora entiendes mejor a qué responden los síntomas de hiperactivación o de hipoactivación que lanza mi organismo cuando siente ansiedad.

Las respuestas de hiperactivación fisiológica nos ayudarían a huir y a luchar de o contra la amenaza. 

Las respuestas de hipoactivación nos ayudarían a congelarnos o a someternos ante la amenaza.

En cualquiera de los dos casos, la ansiedad es un síntoma que hace referencia a que estamos viviendo bajo amenaza.

Y en esta situación sostenida de amenaza,  se están liberando de forma continua ciertas sustancias (hormonas, neurotransmisores…)  que según los estudios de neurobiología de la ansiedad nos ayudarían en el cometido de luchar, huir, bloquearnos o someternos pero si esta «adaptación a la situación de amenaza»  se da a largo plazo, puede resultar muy perjudicial para nuestra salud.

Por eso cuando llegas a la consulta de psicología te encuentras tan mal y esto ha afectado a tu alimentación, al sueño, a tus relaciones sociales y a las ganas de vivir la vida.

Vamos entendiendo mucho más de la ansiedad. Estamos en el camino.

¿QUÉ NECESITO ENTENDER DE LA ANSIEDAD?

Que es una emoción con un componente cognitivo y que este componente es un pensamiento que hace continua referencia a un futuro desagradable, normalmente formulado en “¿Y si… ?” y que podemos llamar futurización catastrófica.

Que si mi mente se pasa el día imaginando que está en un futuro terrible, mi organismo da los síntomas necesarios para escapar de ahí y que estos síntomas no son sensaciones agradables.

Que estos síntomas desagradables se pueden manifestar a través de una hiperactivación en tu organismo (aumento del ritmo cardiaco, sudoración, temblores…) o de una hipoactivación (confusión, cansancio, problemas para la concentración…).

Que con estos síntomas  lo que pretende tu organismo es que busques un lugar seguro, a salvo de la amenaza porque está avisando de que tu vida peligra y te prepara para las respuestas de huir, luchar, congelarte/bloquearte o someterte.

Que tu organismo no sabe que la amenaza no acaba de existir del todo y que tu mente la está creando.

Que tu mente tiene sus razones para ponerte en alerta y que esas “razones” dependen de tu historia personal y de cómo hayas gestionado tus cosillas. Y que este es el trabajo que hacemos en terapia: conocer qué es lo que me amenaza, mis fantasmas.

Que lo que la ansiedad necesita es que hagamos con ella una buena gestión emocional, como podemos hacer con todas las otras emociones.

Ya sé que esta es un poco más molesta, sí.

Pero de ella también podemos aprender cosas importantes que tienen que ver con nosotros mismos. 

Sigue leyendo los siguientes artículos.

Te sorprenderás de todo lo que tu ansiedad puede hacer por ti.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *